Opinión

13 Oct 2016
Opinión | Por: Kevin Sánchez

La gran lección colombiana: La paz no se negocia pero tiene su precio.

“No hay camino para la paz, la paz es el camino” Mahatma Gandhi

Hace unos días, el pueblo colombiano vivió un acontecimiento histórico, nada menos los colombianos tuvieron en sus manos una papeleta que tenía el poder ya de, por un lado, parar un conflicto armado interno de 52 años de duración entre el gobierno de dicho país y las FARC o, por otro lado, dejar sin efecto los acuerdos alcanzados entre tales.

El pueblo voto y decidió por el NO, los acuerdos de paz que tanto tiempo y esfuerzo conllevaron a ambos bandos quedaron sin efecto así de fácil. Las reacciones de diferentes analistas políticos y expresidentes no tardaron en llegar; pero más allá de todas esas opiniones, este importante proceso democrático que vivió Colombia nos recuerda una importante lección personal y para la convivencia social que a veces a raíz de las complejas situaciones que vivimos como sociedad pasamos por alto.

La paz no es algo que podamos conseguir, la paz es un valor supremo  que debe estar siempre presente en nuestras vidas. La paz no debe ser un valor por el que debamos salir a votar o a protestar a la calle, la paz debe ser el motor que nos lleve a nosotros mismos y a la sociedad a ser mejores personas y a vivir en una mejor sociedad.

En un país tan violento e inseguro como el nuestro  a veces es fácil olvidar el verdadero significado de lo que es vivir en paz. La paz, para muchos salvadoreños al igual que a miles de colombianos y millones de personas alrededor del mundo agobiados por la delincuencia y las guerras, se ha convertido lastimosamente en un anhelo difícil de encontrar.

Como sociedad nuestras diferencias pueden ser muy grandes, pero siempre habrá maneras de solucionar nuestros problemas antes de llegar a la violencia. Convirtámonos en embajadores de la cultura de paz, algo que nuestro país necesita urgentemente.

La paz comienza en nuestras casas, con nuestras acciones, empecemos en nuestro hogar cambiando ciertas actitudes que pueden afectar nuestro entorno y nuestras relaciones. Está en nosotros mismos el elegir a la paz como nuestra guía y que luego que nuestras acciones hablen por si mismas para inspirar a mas personas.

En fin, con el NO Colombia no rechazo la paz, rechazo los términos que supuestamente garantizarían la paz que les ofrecen. Pero los colombianos muy moralistas a la hora de votar, tomaron en cuenta que la paz no se consigue así de fácil, especialmente después de tantos años de violencia y crímenes impunes.

Un verdadero proceso de paz va de la mano de la reconciliación y una reparación moral de los daños hechos, algo que las FARC no estaban dispuestos a hacer.

A veces  en nuestra vida cotidiana hay situaciones en la que es necesario dejar nuestro orgullo a un lado y saber pedir perdón cuando sabemos que nos hemos equivocado. Bien por los colombianos que tomaron en cuenta todos estos factores a la hora de decidir su voto, ahora habrá que esperar si así como van las cosas pueden superar todos los obstáculos para obtener una paz real y duradera.

Tomemos nota de ello para nuestra vida personal y también como sociedad, habrá obstáculos y situaciones que nos harán pensar que vivir en paz es difícil, pero la paz debe ser una realidad y nunca debemos llegar al límite de negociarla o condicionarla como paso también en el pasado en nuestro país, y mucho menos sin un debido proceso de perdón y reconciliación.

 

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