Opinión

4 Ene 2016
Opinión | Por: Gerardo Schönenberg Ávila

La felicidad de un niño vale más que mil palabras

No se puede acabar mejor el 2015, o cualquier año, que viendo feliz a muchos niños.

Como mencioné en el artículo final del 2015, muchas personas en la época de navidad nos olvidamos de dar amor, cariño, felicidad, ternura y calor familiar a niños que lastimosamente están abandonados ya sea en la calle o en un orfanatorio, a personas mayores en los hogares de ancianitos o a personas que están cerca de nosotros y que sabemos que no tienen a nadie que les de amor y cariño.

La parroquia de Santa Elena, que está ubicada en el Complejo funerario Montelena, por medio de su nuevo grupo de jóvenes, al cual pertenezco; el pasado 15 de diciembre le celebró la navidad a los niños del Orfanatorio COAR que está ubicado camino al puerto de la libertad. Mientras la Alcaldía  de Antiguo Cuscatlán y mi gran amiga Milagro Navas se deciden a dar el mejor regalo que nos puede dar a los feligreses de la parroquia, la donación del terreno para construir la parroquia y hacer más obras con la juventud.

Queremos agradecer a PriceSmart, las familias de la parroquia, al Padre Antonio, a Silvio y a todos los jóvenes que al igual que yo pertenecen al nuevo grupo de jóvenes en la parroquia por su entrega, donaciones, música y carisma para poder llevar felicidad a los niños del orfanatorio de los cantones Nuevo Amanecer y San Juan Buena Vista.

Durante la actividad de navidad en el orfanatorio se realizaron diferentes actividades como la adoración al niño Jesús, el canto de villancicos con la ayuda de Silvio y el Padre Antonio, la llegada de Santa Claus y un duende, piñatas, diferentes dinámicas de juegos, entrega de regalos a cada niño y repartición de comida y bebida. El Padre Antonio opinó que “fue muy positiva la visita al Orfanatorio, fue un momento de solidaridad para los jóvenes de la parroquia, de ayudar a personas que realmente lo necesitaban. Fue sorprendente la gran complicidad que se produjo entre nuestros jóvenes de la parroquia y los jóvenes del orfanato.”

En mi opinión como feligrés con discapacidad de la parroquia  y como miembro del grupo de jóvenes pienso que la motivación de la juventud salvadoreña es compartir con otros jóvenes, dar felicidad, ser solidarios con los más necesitados y creo que realizar actividades como esta son las que realmente cambian los corazones de los jóvenes. La mejor forma de enseñar la palabra de Dios a los jóvenes es con obras y no pasivamente en las bancas de la iglesia, se enseña visitando orfanatorios, hogares de ancianitos, a personas y niños de las calles que no tienen ni para comer o lo más importante el amor de un ser querido. Además, con actividades como esta los jóvenes le dan gracias a Dios por lo que tienen por qué observan y reconocen que hay otras personas que no tiene nada, ni a un ser querido, y son más felices que los que tenemos y contamos hasta con una familia.

Las obra de caridad las debemos hacer los 365 días del año no solo en la época de Navidad y Adviento. Debemos recordar que siempre hay personas que necesitan de nosotros no solo en diciembre y noviembre. Además, dando es como recibimos y no sabemos si algún día vamos a ser nosotros los que necesitemos amor, cariño, felicidad, comprensión, que nos den de comer o de vestir.

Como grupo de jóvenes de la parroquia de Santa Elena concluimos que “siendo parte del grupo de jóvenes de la Parroquia Santa Elena estamos agradecidos por la experiencia en la visita al orfanato COAR. Nos pudimos dar cuenta de una realidad en nuestro país que no muchos tomamos en cuenta; nosotros tenemos todo y ellos son felices con muy poco, pero tienen a Dios en su corazón y eso les es suficiente. Nos transmitieron mucha alegría y esperanza, estamos ansiosos por regresar y poder ayudar más a la realidad de nuestro país como jóvenes”.

Las iglesias, parroquias, sectas, partidos políticos y grupos sociales, por medio de su juventud pueden realizar diferentes obras de caridad o mejor conocidas como obras de misericordia que no solo tienen que ser de perdonar. Una obra de esas puede ser también de dar sin recibir nada a cambio, visitar a los enfermos o moribundo en los hospitales, los orfanatorios, hogares de ancianitos y personas que han quedado sin nada ni nadie en la calle.

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