Opinión

26 Jul 2016
Opinión | Por: Fabiola Alfaro

La democracia no solo radica en la generación de poder, sino también en su ejercicio

Es común creer que democracia es solo ir a votar, y la mayoría de ciudadanos al no estar totalmente informados afirman vivir en un país democrático por el simple hecho de ejercer el sufragio.

Pero no, la democracia va más allá de eso y hoy más que nunca se hace necesario que las presentes generaciones estén informadas.

Es urgente que tanto niños como jóvenes sepan que la participación ética y responsable de los ciudadanos es indispensable para reforzar la democracia representativa de El Salvador.

Para tratar de una forma más profunda este tema me basaré en la Carta Democrática Interamericana, la cual es un instrumento por excelencia de consolidación y sustento de la democracia y un camino a seguir para los países del continente Americano en el logro de sus fines.

El siglo XIX fue un tiempo que estuvo marcado por las dictaduras militares en Latinoamérica. Países como Argentina, Bolivia y Chile fueron solo algunos de los tantos pueblos del continente que estuvieron gobernados de forma autoritaria, y El Salvador lamentablemente no fue la excepción

De la mayoría es sabido que por más de 40 años se vivió en El Salvador una época de militarismo, en la cual gobiernos autoritarios usaron la represión política para mantenerse en el poder.

Una vez superado este difícil período de dictaduras tanto en El Salvador como en otros países de América Latina, las naciones alcanzaron un consenso en la Declaración de Santiago en 1991, en el establecieron que la democracia era y debía ser la forma común de gobierno de todos los países de la región.

Este consenso fue fortalecido en las Cumbres de las Américas y Asambleas Generales a lo largo de una década, culminando con la suscripción de la Carta el 11 de Septiembre en Lima, Perú. Justo el mismo día de los ataques terroristas en los Estados Unidos.

Según la Carta todos los pueblos de América tienen el derecho a la democracia y sus gobiernos tienen la obligación de promoverla y defenderla.

Es ahí donde surge la pregunta ¿somos un pueblo democrático?, la respuesta es no.

Si bien es cierto, se realizan elecciones periódicas basadas en el sufragio universal, pero ¿existe transparencia en las actividades gubernamentales?, ¿hay probidad?, ¿existe una responsabilidad de los gobiernos en la gestión publica? ¿se respetan los derechos sociales?, ¿se defienden los derechos humanos? ¿hay libertad de expresión y libertad de prensa?, ¿la ciudadanía participa activamente? Mientras la respuesta a estas interrogantes sea negativa, no existirá la democracia.

Tristemente nos encontramos en un momento donde la corrupción es un aspecto que pasa a ser parte, cada vez más, de la forma en que se gobierna. Y una de las principales causas por las que no se avanza es por la corrupción que existe en el sistema.

Lograr que el poder resida en el pueblo no es tarea de los ciudadanos solamente, se hace indispensable un trabajo en conjunto en el que tanto gobernados como gobernadores luchen por un bien común. Al final una verdadera democracia no sólo significa ser elegido democráticamente, sino también gobernar democráticamente.

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