Opinión

11 Dic 2017
Opinión | Por: Juan Carlos Menjívar

La cuota de género como grillete del avance

 

“Los partidos políticos deberán integrar sus planillas para elección de diputaciones a la Asamblea Legislativa, Parlamento Centroamericano, y miembros de los Concejos Municipales, al menos con un treinta por ciento de participación de mujeres (…)”.

Articulo 38, Ley de Partidos Políticos

Si es necesario que un partido político tenga la obligación de cumplir con cuotas de género dentro de sus planillas, no están fortaleciendo la inclusión de género, sino obligando a llenar espacios con lo que sobra. Sí, la discriminación es mala y todo eso, pero el forzar la inclusión no es la respuesta, y más si se encuentra tan arraigada como en nuestro país.

Nunca he ocultado mi desdén hacia la discriminación positiva de la mujer, me parece una forma de minimizar a la persona y encuadrarla dentro de un ámbito de victimización eterno. ¿Por qué es necesario que la cuota de género  sea de un  30%? Si el plan era molestar a los partidos políticos machistas y opresores, pues había mejores formas de hacerlo.

La cuota de género dentro de nuestro ámbito político no tuvo los efectos deseados por sus defensores,  tal como demostró el estudio publicado por El Faro sobre la incidencia del mismo en las elecciones del 2015 sobre las del 2012. Recordemos que la cuota fue aprobada en el 2013, los resultados fueron más que decepcionantes. El estudio centró su objeto de estudio en las municipalidades y los resultados fueron que, a comparación del 2012, fue elegida una  “alcaldesa” menos por la población. Pero, lo que despuntó fue la cantidad de mujeres suplentes. Como decía, cargos de relleno sin nada de poder real.

Y para entrar más en contexto, en su momento no únicamente se busco la aprobación de la cuota de género, sino también se busco crear una “paridad” en las candidaturas a diputaciones estableciendo que, si la candidata es mujer, su suplente deberá ser hombre. Si eso es lo que se considera igualdad, aun tenemos un largo camino que recorrer.

Las cuotas de género es un tema espinoso y cuenta con argumentos absurdos tanto a favor como en contra,  quitemos algunos de encima antes de seguir profundizando. ¿Representa una discriminación hacia los hombres? No, ¿Limita el derecho de elección para los ciudadanos? No, ¿Romperá con el estigmatismo de sexo débil para la mujer? No, ¿Las cuotas de género remedian o ayudan a la obtención de poder a la mujer? No, ¿Tendrán igualdad de oportunidades con ellas? No.

Las cuotas de género deberían ser innecesarias, en una utopía de igualdad las mujeres calificadas pueden llegar al poder político en base a sus propios méritos. Pero, lo que genera la cuota de género es que las personas, al ver sus propuestas, lo primero que piensen sea sobre su calidad como mujer. Yo vote por ella por ser mujer.

Si bien es cierto, no representa ningún tipo de discriminación hacia el hombre, sino hacia la propia mujer, por eso se llama discriminación positiva, sí violenta la igualdad de oportunidades y el mérito propio. Desde el momento en que se obliga al partido a cumplir con estándares, no de calidad, sino de cantidad, hay un problema. El género no es una cualidad y por lo mismo el considerar que una característica es más importante que otras cualidades de los potenciales candidatos o candidatas, tales como la capacidad o experiencia, es completamente absurdo.

Hagamos un pequeño ejercicio de realidad política, los candidatos jóvenes y las mujeres candidatas a cualquier cargo público ¿Cómo se venden? Toma un minuto para recordar la publicidad… Exacto, como mujeres y jóvenes como su cualidad principal, y si cumplen ambas características, mejor todavía. En consecuencia, dejan de ser importante sus cualidades para impulsar una estrategia política y el eje pasa a ser su condición. Las cuotas de género generan que la figura de la mujer pase a ser una bandera de calidad, y les aseguro que en El Salvador hay hombres inútiles como mujeres inútiles.

Al final, las cuotas de género no suponen un piso sobre el cual la mujer pueda pararse, sino un techo de hasta dónde puede llegar. Ese 30% es su grillete, su complacencia y conformidad, porque sobre todo la discriminación no es un reflejo de barreras legales, sino estructurales y culturales.

La mujer vive en la discriminación y de la discriminación, y su ascenso al poder debe servir de modelo para otras mujeres que no ven la luz en su vida. Hacen falta modelos femeninos en la política o eso es lo que se cree. Rosa Cándida Alas de Menjívar obtuvo el 90.3 % de los votos en la elección de concejos municipales, y de esa forma ganó para un cuarto período la Alcaldía de La Vueltas, en Chalatenango.

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