Opinión

18 Mar 2016
Opinión | Por: Mario Hernández Villatoro

La codicia del poder

“En ambos bandos tenemos las mismas aves de rapiña que solo buscan el poder a toda costa, hasta por encima de la vida de nuestra gente”.

Imagen: elhuron.es

Quiero tratarme de explicar cuál es el problema que está pasando con la política de este país, o mejor dicho, con los políticos. Sus ojos están tan desviados a izquierdas o derechas absurdas, pero tienen claro el camino: el poder, el dinero y la avaricia desenfrenada.

Y como he tratado de explicarme este caos, es dable traer a colación ciertas palabras de Aldous Huxley de uno de sus libros: “La codicia del poder y la avaricia son vicios que por estar totalmente disociados del cuerpo, pueden manifestarse en formas desorientadoras y múltiples, y con una energía tal, que las inmuniza contra la saciedad que a veces logra interrumpir los sometimientos físicos”.

Buscar alcanzar el poder político de la forma más condenable es normal en este país. Se humilla al adversario, se compran voluntades y negocian lo ilícito e innegociable. La avaricia -hablando del control estatal-, es un vicio tan ligado y arraigado al ser humano, que la costumbre ha permitido exhibirlo a la sociedad como virtud. Y es que yo estaría de acuerdo y apoyaría a una persona que trata de llegar al poder si sus objetivos son acordes con un ideal de país, o del municipio, o de lo que sea, depende del cargo al que opte. Si su moralidad es de verdad notoria, si es un líder positivo que trata de ser el portavoz y representante de los gobernados. A ese apoyaría. Eso es utopía hasta cierto punto. El imperativo es encontrar por doquier a personas que quieren su cargo público para ganar poder, dinero, fama. Es una mezcla de la linda cara que proyectan al tratar con los más desfavorecidos, pero le agregamos veinte cucharadas de hipocresía, doble moral, pisoteo al adversario, negocios ilícitos, queriendo arrasar con todo –TODO- para alcanzar el poder. Reprochable.

Por un lado, está la vieja historia de la vida real, pero tan actual en su vivencia, nefasta negociación del Gobierno con las pandillas. Ya sabemos de los beneficios de traslados de centros penales, la disposición de celulares, energía eléctrica, centro vanguardista de tecnología y fiestas de lujo con prostitutas a domicilio. Convirtieron los centros penales en la casa matriz del negocio redondo del delito.

Por otro lado, teníamos una oposición crítica acérrima de las políticas y decisiones que adoptó el oficialismo respecto de la disfrazada tregua. Nos dormían con un cuento tan maravilloso, que a veces, la mayoría, daban ganas de creerlo. Luego nos recetaron otra inyección de realidad para confirmar que las negociaciones oscuras, los pactos ilícitos, la hipocresía y la doble moral no cesará hasta alcanzar su sucio poder. Y mantenerse en él.

Por el lado de la gente, la gran población, no hay ni oficialismo ni oposición que los proteja. Estamos desamparados, saliendo temprano de nuestras casas a trabajar bajo nuestro propio riesgo y con la posibilidad de no regresar nunca. Algo le hace falta a los tentáculos políticos, poner un rótulo o valla publicitaria que diga: “Los gobernantes no nos hacemos responsables por los daños o pérdidas a su vida”. Ahora la gente honrada es la excluida y el crimen logró insertarse y hacerse sentir como grupo de presión. Estos “muchachos” siguen dialogando con élites políticas para que contemplen sus propios beneficios en el plan de gobierno. Pero a los familiares de las víctimas de homicidios no les han preguntado a quién desean para Ministro de Seguridad si ganan las elecciones, a los familiares de los trabajadores asesinados no les han consultado si desean que se cierre “zacatraz”, a las víctimas de tantas fechorías no les ofrecen opciones para mejorar su seguridad y calidad de vida.

Termino citando otro extracto de Aldous Huxley: “La mayor parte de los gobernados aceptan, con tranquilidad, su posición de subordinados y hasta la opresión efectiva y la injusticia. La mayor parte de los hombres y de las mujeres están listos a tolerar lo intolerable”.

En ambos bandos tenemos las mismas aves de rapiña que solo buscan el poder a toda costa, hasta por encima de la vida de nuestra gente. Y nosotros lo seguimos tolerando. ¡Ya basta!

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