Opinión

14 Ago 2017
Opinión | Por: Mario Hernández Villatoro

Jóvenes, ¡es hora de actuar!

“A la antigua, solo el amor y el vino es bueno. El mundo es dinámico y la política no es ajena al cambio, no se puede seguir ejerciendo política con métodos antiguos”.

Nuestras generaciones precedentes vivieron por 12 años el conflicto bélico entre el ejército y la guerrilla, dejando secuelas físicas y principalmente psicológicas. Se generó una marcada y profunda división de preferencias políticas partidarias, con ello surgió un partido político denominado de derecha y el bando guerrillero se convirtió en partido político a partir de los Acuerdos de Paz. 25 años después, todavía seguimos sufriendo las consecuencias psicológicas que se manifiestan en época electoral: el famoso voto duro. Son los sufragios que se efectúan ciegamente, no importa el perfil del candidato, desinteresa la percepción pública sobre el aspirante, aunque tenga buena o desaprobada imagen, siempre votarán por la bandera partidaria.

Infortunadamente, el voto duro ha imperado por los siglos de los siglos y ha permitido posicionar a los dos partidos políticos con mayor preferencia como monstruos electorales y élites políticas y económicas. Basta con el apoyo del voto duro y un mínimo porcentaje más para que ganen las elecciones legislativas, municipales y presidenciales. Esto se ejemplifica con la histórica mayoría que los rojos y tricolores han obtenido en la Asamblea Legislativa, en las elecciones de Concejos Municipales en los 262 municipios del país y en la repartición de poder en la presidencia. El resto de partidos políticos, socialmente denominados como “pequeños”, no logran ni la mitad de los diputados que ganan aquellos, y son escasos los municipios gobernados por personas arropadas a un partido pequeño. Ni hablemos de la Presidencia, esta solo tiene cabida para dos partidos políticos.

Precisamente ese voto ciego permitió que los aspirantes a un cargo de elección popular se acomoden, se desinteresen por evitar negociaciones oscuras y se esmeren por hacer crecer su imagen de percepciones negativas y aumentar su patrimonio a costa del dinero público. El pueblo se acostumbró a las actuaciones ilegales y antiéticas de los funcionarios y compran estas ideas como algo normal, como parte de nuestro diario vivir.

Ese pensamiento obsoleto nos mantiene estancados en el subdesarrollo, no nos permite crecer como país y mientras sigamos marcando cruces con los ojos cerrados, seleccionando a los de siempre, los que se sirven del pueblo, los añejos y sus tentáculos, estaremos condenados a seguir hundiendo este país, si es que se puede seguir rebalsando de violencia, crisis económica, nefasto sistema de salud, indeseable sistema educativo y tantos vasos rebalsados.

A la antigua, solo el amor y el vino es bueno. El mundo es dinámico y la política no es ajena al cambio, no se puede seguir ejerciendo política con métodos antiguos. La gente tiene dos opciones: resignarse a vivir en medio de la mediocridad o tomar partido y actuar para combatir esta epidemia. Lastimosamente la primera ha dominado, pero es hora de dejar los lloriqueos y empezar a trabajar por nuestra generación joven, por los adultos, por los ancianos, por nuestras futuras generaciones.

No se pueden obtener resultados distintos haciendo lo mismo. Este convulsionado país necesita de rostros diferentes, de ideas frescas, de personas decididas a dejar su zona de confort y librar una lucha a favor del trabajo, de la honradez y la transparencia, sabiendo que será una disputa David vs. Goliat, en contra de todo el sistema político, pero con el firme objetivo de cambiar el estatus quo que nos mantiene en rezago como nación.

Es hora de actuar, es urgente dejar de calentar banquillo y comenzar a ser protagonistas. Es momento de evitar tocar puertas donde sabemos que no se abrirán y comenzar a construir nuestras propias puertas.

14 Dic 2017
Valores de Navidad
Opinión | Por: Gerardo Schönenberg Ávila

Valores de Navidad

13 Dic 2017
Mozote nunca más
Opinión | Por: Mateo Villaherrera

Mozote nunca más

13 Dic 2017
Santa Ana, camino a ser una ciudad resiliente
Opinión | Por: Caleb Padilla

Santa Ana, camino a ser una ciudad resiliente

11 Dic 2017
La cuota de género como grillete del avance
Opinión | Por: Juan Carlos Menjívar

La cuota de género como grillete del avance