Opinión

9 Mar 2017
Opinión | Por: Fabiola Alfaro

Inhumanos

Ya no bastaba con matar a decenas de personas a diario. Ya no. La mente retorcida de aquellos que se gozan con el dolor del otro, buscaba a otras víctimas; no seres humanos precisamente, con que fueran seres indefensos era suficiente.

El Salvador es un país, que a pesar de contar con hermosos lugares, no es conocido a nivel mundial por eso específicamente, sino por ser uno de los países más violentos.

En las últimas semanas, nos hemos encontrado en el ojo del huracán, ahora no por homicidios, desapariciones u otros actos violentos, sino por daños a diversos animales.

El maltrato animal en El Salvador está a la orden del día. Es algo que no puede negarse, y que tampoco puede erradicarse tan fácilmente.

Uno de los casos más sonados, y que más ha conmocionado al mundo entero, es el del hipopótamo Gustavito.

De la mayoría es sabido que al inicio se quiso hacer creer a todos que Gustavito fue brutalmente herido con picahielos, barras de hierro y piedras. Pero algo no cuadraba y las personas comenzaron a sacar sus propias conclusiones.

Días después, se confirmó que Gustavito murió por una hemorragia pulmonar y no producto de un brutal ataque, como lo quisieron hacer ver las autoridades del zoológico.

Aunque Gustavito no murió por un ataque, su muerte es una prueba fehaciente de la negligencia de las autoridades que tienen a cargo el zoológico. Pero más allá de eso, deja en evidencia lo inhumanos que somos, al permitir que en el país aún existan estos sitios donde se ve a los animales como objetos de diversión para las personas. Donde se violenta el derecho que tienen a ser libres y vivir en su hábitat natural. Un lugar que es un calvario y una cárcel para ellos.

Pero Gustavito es solo una de las tantas víctimas de nuestro país. Semanas atrás se conoció el caso de un búho que no podrá volver a su hábitat natural, debido a las graves lesiones que recibió, producto de un brutal ataque.

Este búho adulto perdió la parte superior de su pico, debido a las lesiones ocasionadas por piedras que le lanzó un humano. Tristemente tendrá que vivir en cautiverio, pues no puede alimentarse por sí solo.

Todos estos actos de violencia hacia los animales son solo una pequeña muestra de lo mal que estamos como país en el tema de cuido y protección hacia los mismos.

Más allá del caso de Gustavito y el búho que fue brutalmente golpeado, a diario se dan cientos de casos de maltrato hacia los animales, los cuáles también son alarmantes.

Algunos ejemplos de ello, son los perros que han sido abandonados a su suerte, los cuáles viven en las calles, son golpeados y maltratados por las personas, están enfermos, sufren de hambre y frío, y no tienen a alguien que vele por ellos.

Sumado a eso, están los casos de gatos inocentes que también son abandonados. O aquellos que corren con la mala suerte de cruzarse en el camino con personas sin corazón, que tiene el valor de envenenarlos, porque simplemente no soportan su presencia.

Sin duda, tenemos grandes retos en el tema de legislación aplicada al maltrato animal. Ciertamente existen algunos instrumentos jurídicos que castigan el maltrato hacia los animales, pero no son suficientes pues sólo abarcan cierto tipo de conductas hacia unos pocos animales.

Se hace urgente contar con leyes que castiguen el maltrato animal en todas sus formas y que se apliquen a cualquiera que la viole. Quizá esta no sea la solución definitiva para erradicar esta grave problemática, pero sí puede contribuir a crear más conciencia en las personas.

Parece imposible erradicar el maltrato animal porque lamentablemente somos un país que mata. Y digo somos, porque no solo mata el que realiza la acción, también mata el que la omite.

Nos convertimos en cómplices cuando sabemos lo que sucede y no hacemos nada. Somos igualmente culpables cuando callamos, cuando defendemos lo indefendible y cuando esperamos que sean otros los que empiecen a hacer algo. Todo esto, hace más difícil la erradicación de este problema.

Y tú ¿qué piensas hacer? ¿Serás un espectador más o alguien que decida marcar la diferencia? ¡Es momento de reaccionar!

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