Opinión

19 Sep 2013
Opinión | Por: Juan Martínez

Hagamos un propósito de Independencia

En una típica salida de fin de semana, dos jóvenes llegaron en automóvil a uno de los grandes centros comerciales localizados a la entrada de Antiguo Cuscatlán. Tras disfrutar de su almuerzo y ver algunas tiendas, uno de ellos propuso que fueran al centro comercial de al lado. Para evitarse la molestia de buscar parqueo, ambos decidieron irse caminando.

 

Tras algunas horas, ambos regresaron al parqueo por el auto. El vigilante, al ver que los jóvenes están entrando al vehículo, decidió acercarse y llamarles la atención. Él sabía que habían dejado el carro en el parqueo y se fueron al otro centro comercial, así que les solicitó un recibo de alguna tienda para demostrar que al menos habían consumido algo antes de irse. Dado que ninguno conservó el recibo, el vigilante procedió a indicarles que lo que habían hecho estaba penado con una multa un tanto cuantiosa.

 

La primera reacción de los jóvenes fue la de protestar, y pedir al vigilante que les señalara alguna advertencia visible que hablara acerca de la multa, cosa que él no pudo hacer pero no dudó en asegurar que sí existía. Tras algunos minutos de discutir, el vigilante decidió hacerles una propuesta: “Denme $25 y se pueden retirar”.

 

En este momento la conversación cambió de tono. Para el dueño del auto, quien se sentía culpable y reconocía su error, aquello ya no era una penitencia, sino una desagradable invitación a delinquir. El joven le respondió que prefería pagar el monto original de la multa y solicitó que se le llevara a las oficinas del centro comercial para cancelarla. El rostro del vigilante se llenó de culpa en ese momento. Insistió una vez más para hacer que el joven reconsiderara, pero al ver que no cedía, se mostró terriblemente avergonzado, como Adán al sentirse repentinamente desnudo. Al final los dejó ir sin pagar nada.

 

La razón de su vergüenza fue, probablemente, que el pedir “mordida” es algo tan generalizado, que muchos de sus compañeros de trabajo deben hacerlo, y las víctimas nunca se quejan. Cuando alguien finalmente señaló la falta de moral del vigilante, este asimiló inmediatamente que estaba haciendo estaba mal. ¡Cuando un acto inmoral se ejecuta y se tolera de forma generalizada, la calidad moral del mismo deja de cuestionarse! Y la “mordida” es solo un ejemplo entre muchos que dañan la convivencia en El Salvador.

Cuando obtuvimos nuestra independencia junto a nuestros hermanos centroamericanos, aceptamos nuestra libertad con respecto a la intervención externa, pero casi 200 años después todavía no sabemos qué hacer con ella. Como pueblo hemos sido bendecidos con un bello territorio, localizado en la mitad de las Américas, un pueblo con tradiciones únicas y un deseo de laboriosidad que solía ser nuestro orgullo; y sin embargo, nos estafamos mutuamente a diario, en lo grande y en lo pequeño, mientras exigimos buenos gobernantes que hagan reglas que no pensamos cumplir. En otras palabras, independientes o no, el país no va para ningún lado porque estas son las tierras donde chucho sí come chucho, donde el salvadoreño estafa al salvadoreño como si no viniéramos del mismo vientre que es nuestra patria.

 

Así como en Año Nuevo, este mes deberíamos hacernos un propósito de Independencia y rescatar los verdaderos valores salvadoreños, los que sí nos enorgullecen. Yo sugiero que el propósito de este año sea el de dejar de ofrecer y aceptar mordida de todo tipo, sin importar las circunstancias, sin justificarse en los amaños de la Selecta o de la política, sin usar a la pobreza como una excusa… Un pequeño paso adelante siempre lleva a uno más grande.

 

¡Feliz Independencia!

13 Ene 2017
De la paz negociada, a la paz consensuada.
Opinión | Por: Kevin Sánchez

De la paz negociada, a la paz consensuada.

13 Ene 2017
Nuevos Acuerdos
Opinión | Por: Juan Carlos Méndez

Nuevos Acuerdos

12 Ene 2017
¿Por qué es importante recordar los Acuerdos de Paz?
Opinión | Por: Óscar Melgar

¿Por qué es importante recordar los Acuerdos de Paz?

11 Ene 2017
25 años de Paz
Opinión | Por: Gerardo Schönenberg Ávila

25 años de Paz