Opinión

17 Sep 2013
Opinión | Por: Gumercindo Ventura

Hagamos ilegal la pobreza y otros mil males

Cada quien tiene su noción sobre cuál es el rol del Estado. Si solo es asegurar derechos fundamentales, o si va más allá de eso, interviniendo en mercados o brindando bienes y servicios a la población por medio de impuestos. Sea cual sea el rol, el Estado tiene el monopolio de la violencia, es decir, usa su poder coercitivo para hacer efectivas iniciativas por medio de leyes.

No los quiero aburrir con una columna sobre teoría del derecho, para comenzar soy economista, pero hay que tener un par de cosas bien claras y no hace falta ser un abogado para comprenderlas. A los funcionarios públicos (de cualquier color o credo político) les fascina regular todo. ¿Hay escasez de un bien? Regulemos. ¿El precio de otro bien está muy alto? Regulemos. ¿No hay buena educación? Regulemos. En fin, la regulación es la solución a todo.

No es de extrañarse, aparte de la intervención militar y los impuestos, regular es de las pocas cosas que pueden hacer respecto a un problema. En lo que se cae es en una especie de “regulacionitis”, en donde para todo hay una ley. Un buen ejemplo de esto es Estados Unidos, el mal llamado “hogar de los libres”,  donde el simple hecho de estar tomando alcohol en la calle hace que un ciudadano quebrante más leyes de las que puede contar con los dedos de sus manos, para algunos estados.

Al final lo que pasa es que uno tiene que tener cuidado de cada cosa que haga porque no sabe que puede estar violando una ley. Con cada ley que se hace  los ciudadanos somos menos y menos libres. No me malinterpreten, no estoy diciendo que vivamos en anarquía, ni que el Estado no debe existir ni que eliminemos todas las leyes. Lo que quiero decir es que solo deberíamos de tener las leyes que son absolutamente importantes.

En El Salvador tampoco nos libramos de esto. Acá, por ejemplo tenemos la famosa “Ley General de Juventud”, punta de lanza de algunos funcionarios públicos, con la que se dan golpes en el pecho para decir que ellos apoyan a ese sector. Para mostrarles un poco de lo redundante e inservible que son algunos artículos de esta ley, cito uno:

Artículo 3.- Los objetivos de la presente ley son los siguientes:

a) Garantizar los derechos fundamentales de la población joven, así como promover el cumplimiento de sus deberes en el marco del respeto a su especificidad

“Derechos fundamentales de la población joven”, ¿Qué tal eso? y yo que pensaba que los jóvenes y cualquier otro tipo de ciudadano eran iguales ante la ley. ¿Cuáles serán esos derechos fundamentales que nos distinguen tanto del resto? Que yo sepa, vida, libertad y propiedad privada la gozamos todos, y ya está contemplada en la Constitución. Y sí, quizá no es gran cosa caer en tanta redundancia, el problema es que hubo alguien quien devengó ingresos de nuestros impuestos calcando la Constitución. Por muchos incentivos adversos a la eficiencia que haya en el sector público siempre hay que aspirar a la austeridad.

Así como esas deben de haber bastantes leyes. A veces el Estado se ve en necesidad de hacer tanta ley para dar la impresión que se está haciendo algo al respecto. Con la lógica de algunos funcionarios y legisladores no me extrañaría que en un futuro decretemos para que llueva en tiempo de sequía, así tendríamos abundancia en la producción agrícola. O quien sabe, quizá hagamos ilegal la pobreza para salir del tercermundismo.

 

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