Opinión

12 Jun 2013
Opinión | Por: Juan Martínez

Hacia una política educativa poco convencional

Hay tres hechos de los que todos estamos conscientes acerca de la escolaridad en El Salvador: Desearíamos que fuera mayor y de mejor calidad, el acceso a esta es bastante desigual, teniendo un efecto directo en la distribución del ingreso y el último hecho es la falta de presupuesto como una limitante crucial para su mejoramiento.

Usualmente los gobiernos actúan sobre los primeros dos puntos por medio del financiamiento de la educación hasta cierto punto, comúnmente llamado “educación compulsoria”. Esto funciona muy bien en países como Japón, que tienen recursos suficientes para financiar un mínimo de educación para su población. En El Salvador, las limitaciones presupuestarias restringen la capacidad del sector público para ofrecer educación inclusiva de alta calidad a lo largo de todo el sistema. Aunado a esto, existen importantes problemas del lado de la demanda: muchas familias (en especial en situación de pobreza) enfrentan serios desincentivos que las previenen de enviar a los niños a la escuela. La lógica nos dice que sin presupuesto no podemos mejorar los resultados escolares. Afortunadamente, nada nos previene de saltarnos la lógica y pensar fuera de la caja ¿qué tal si te digo que se pueden lograr mejoras sustanciales en indicadores educativos realizando inversiones mínimas?

Te presento al doctor Sugata Mitra, investigador educativo de origen indio, reconocido mundialmente por sus peculiares investigaciones en el campo educativo, en especial por su proyecto “A Hole in the Wall” (un agujero en la pared). En 1999, el doctor Mitra mandó a abrir un agujero en uno de los muros del edificio de su organización en Nueva Delhi, e instaló una computadora dentro de este. El muro colinda con un barrio pobre. Con la ayuda de una cámara escondida, el doctor Mitra se dispuso a observar el comportamiento de los habitantes del lugar al descubrir la computadora disponible para su uso sin limitación alguna. En particular, estaba interesado en probar que las personas, sin la guía de un profesor, pueden aprender tanto como en un salón de clase. El resultado fue impresionante: los más interesados fueron los niños del lugar, que día a día se acercaban a la computadora a explorar. Al cabo de un par de meses, sin supervisión alguna, niños entre 6 y 8 años habían aprendido habilidades básicas, tales como hacer grabaciones de sus voces, jugar e incluso navegar por internet.

Cuatro años de experimentos similares revelaron datos esperanzadores. Sin la presencia de un profesor, la libre exploración permitía a los niños incrementar considerablemente sus puntajes en matemáticas, ciencias naturales y sociales, incrementar su vocabulario y mejorar su pronunciación del inglés. La mejora en el área de la computación fue similar a la que hubieran logrado de haber asistido a una clase especializada. Esto rompe un paradigma importante, la curiosidad de los niños combinada con los recursos adecuados puede tener resultados que se equiparan con los que se lograrían en un salón de clase ¡pero a un costo mucho más bajo!

Un programa de aprendizaje autodirigido como el del doctor Mitra puede utilizarse para enseñar computación e inglés en institutos públicos sin contratar nuevos maestros. Una opción amigable para los niños es Duolingo, la página web que transforma el aprendizaje de idiomas en un videojuego gratuito. Algunos pensarán “claro, pero se necesitan computadoras, y estas son caras”… ¡Falso! Especialmente cuando la Raspberry Pi, un potente CPU que cuesta cerca de $30, está en el mercado desde febrero del año pasado, y funciona con sistema operativo Linux, de distribución gratuita. Propuestas como esta, de bajo costo y alto impacto, pueden aliviar la presión sobre las finanzas públicas sin sacrificar resultados.

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