Opinión

7 Feb 2014
Opinión | Por: Aída Betancourt Simán

Hacia la segunda ronda

El pasado domingo

2 de febrero, tuve la oportunidad de ser Observadora Electoral en las Elecciones Presidenciales 2014, como parte de la misión de la Red Latinoamericana y del Caribe para la Democracia (REDLAC) gracias a la Fundación DTJ, lo que hizo de mis primeras elecciones en el país, una experiencia interesante y enriquecedora. A excepción del momento en que emití mi voto, me convertí en un agente neutro e imparcial que debía observar cómo transcurría el proceso electoral y reportar cualquier anomalía o incidente, sin intervenir.

Me sorprendió de forma positiva ver la tranquilidad del día, ver gente caminando por las calles, saludando amablemente. También me pareció que el trabajo del Tribunal Supremo Electoral, a nivel técnico, fue de buena calidad. El conteo en tiempo real en su portal www.elecciones2014.tse.gob.sv fue digno de admirar y sumamente útil para estar informados. La entrega de los materiales para las Juntas Receptoras de Votos y la organización de las mismas en los distintos Centros de Votación fue ordenada y en buen tiempo y el manual de instrucciones del TSE era claro, incluso para aquellos integrantes de mesa que nunca habían ejercido esas funciones.  

Lo que sí podemos reclamarle al TSE, quien debió ser el árbitro de las elecciones, es su pasividad ante las múltiples denuncias de propaganda, tanto del Gobierno como de los partidos, después de que entraran en vigor las prohibiciones respectivas. Incluso durante el día de las elecciones, las canciones de campaña, las banderas y los cantos de los afiliados interrumpieron el silencio electoral. La prohibición a unas pocas horas

de cerrar las urnas es insuficiente: el TSE debe comprometerse plenamente en actuar según lo dispuesto en el Código Electoral e imponer sanciones a quienes lo incumplan. Sea quien sea.

En cuanto a los resultados, que vayamos a segunda vuelta no sorprende mucho. La cifra que sí sorprende (o más bien, preocupa)

es la baja participación de los inscritos. La tasa de abstencionismo del 47% es alarmante: significa que casi la mitad de los ciudadanos inscritos no participaron en este mecanismo democrático para elegir a aquellos que gobernarán el país durante los próximos cinco años. Es cierto que, en nuestra historia electoral, la asistencia a las urnasno ha sido masiva: la más baja participación de la historia fue en 1999, cuando solo el 38% de los inscritos acudieron a las urnas; y en las últimas dos elecciones presidenciales, de 2004 y 2009, el porcentaje fue de 67.3% y de 62.9% respectivamente.

Las razones por las que solo 2.6 millones de personas, de los 4.9 millones registrados para votar, no fueron a votar pueden ser muchas y varias, pero la drástica caída de 10% en comparación a las elecciones pasadas es relevante y significativa. No ir porque de nada sirve, o porque prefieren hacer otra cosa en un domingo, o porque sabían que habría segunda vuelta y en esta sí van a votar, no es una forma de expresar su rechazo a las opciones electorales que nos presentan los partidos, es una forma de rechazar el sistema democrático.

El descontento ciudadano y el rechazo hacia la forma de hacer política no deben expresarse no yendo a las urnas, ni siquiera deberían manifestarse solo en las elecciones. Gane quien gane el 9 de marzo, tenemos que renovar nuestro compromiso con ser la ciudadanía exigente que nuestro país necesita, obligar a nuestros políticos a rendir cuentas, presionar para que sigamos avanzando en materia de transparencia y acceso a la información, cuestionar y demandar que cumplan las promesas de campaña. Es así como se construye la democracia.

Los que sí fuimos a votar, facilitémosle a los demás que puedan hacerlo. Los que sí ejercimos nuestro derecho, tenemos además como deber insistir a los que no fueron sobre la responsabilidad de ejercer el suyo. Es así como se construye la ciudadanía.

 

  • Francis Reed

    .

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