Opinión

8 Jun 2017
Opinión | Por: Karen Vargas

Hacer la ciudad accesible resulta caro para El Salvador

El capítulo III de la Ley de Equiparación de oportunidades para las personas con Discapacidad fue pensado para garantizar “accesibilidad” a todas las personas con problemas de movilidad.

Sin embargo, al trasladarnos a las ciudades de nuestro país, un mismo escenario urbano puede representar dos cosas muy diferentes dependiendo de la persona que lo transite; cuando concebir el entorno y los objetos de forma “inclusiva” debería ser un derecho para todas las personas, como lo establece la misma Ley.

Un usuario sin problemas de movilidad apenas advertirá los obstáculos: subirá y bajará escaleras sin ningún problema, y rodeará obstrucciones, sin necesidad de desviar su atención. Por el contrario, aquellas personas con movilidad reducida se enfrentan, en el mismo escenario, a una serie de barreras arquitectónicas.

Fuente: Ley de Equiparación de Oportunidades para las Personas con Discapacidad

El Manual de Accesibilidad Universal, propuesto por la Cooperación Ciudad Accesible, advierte cómo los cambios naturales que se generan durante la vida nos hacen vulnerables a cruzar o acercarnos a la línea que nos separa de la discapacidad, frente a un medio que ha sido diseñado históricamente para un modelo determinado de ser humano.

Además, deja claro que la distancia entre los estados que generan una disminución en las funcionalidades de la persona, durante el transcurso de la vida, es bastante cercana y entre ellos se encuentran razones estrictamente biológicas, como: la infancia, los cambios que trae consigo la vejez, la obesidad, las diferencias en la antropometría o dimensiones del cuerpo, el embarazo, el uso de lentes y/o audífonos, secuelas físicas o sensoriales, de enfermedad o accidente lesionados temporales, y más.

La declaración anterior nos sitúa en la perspectiva de que el ser humano cuenta con discapacidad, dependiendo del entorno en el que se desenvuelva. Aquellos impedimentos u obstáculos físicos que limitan, o impiden la libertad de movimientos y autonomía de las personas, corresponden a las llamadas barreras del entorno. Es decir, el incumplimiento de este derecho establecido como “universal”, demanda el desafío de desarrollar un entorno accesible y universal que no imponga barreras, y que permita a todos desarrollar un modelo de vida independiente.

Este principio entiende que la diversidad funcional tiene lugar en la medida en que la sociedad esté diseñada para aceptar la variedad de sus individuos. De esta manera, la responsabilidad deja de ser del individuo y se traslada a la sociedad; derivada de esta consideración nace la necesidad de la eliminación de las barreras, para facilitar la participación activa y al desarrollo de la accesibilidad y el diseño universal.

Accesibilidad en el espacio público

La Oficina de Planificación del área metropolitana (OPAMSS) es la encargada de impulsar e implementar los planes urbanos en el país y gestionar los permisos de construcción en el área metropolitana de San Salvador. Según sus registros del año 2000 al 2015, se han autorizado 12 mil 156 de 14 mil 574 solicitudes ingresadas.

La OPAMSS explica que el concepto de accesibilidad ha ido evolucionando en la última década, hasta llegar a un nuevo enfoque, donde lo principal reside en concebir el entorno y los objetos de forma “inclusiva” o apta para todas las personas; surge así el concepto de Diseño universal o Diseño para todos.

Además, hoy en día adaptar los entornos cívicos a todos los ciudadanos es una de las máximas aspiraciones en materia de sostenibilidad y a la vez representa una amenaza muy grande para los presupuestos de las instituciones, y del Estado mismo.

La Convención Interamericana para la Eliminación de todas las formas de Discriminación de las Personas con Discapacidad obliga a los estados y sus instituciones a sensibilizar a la población, a través de campañas de educación encaminadas a eliminar prejuicios, estereotipos y otras actitudes que atentan contra el derecho de las personas a ser iguales; propiciando de esta forma el respeto y la convivencia con las personas con discapacidad. Sin embargo, la asignación de fondos para realizar estas campañas de educación no se encuentran presupuestadas como una de prioridad.

El incumplimiento de esta ley pone en evidencia, una vez más, que lo que nuestro país necesita es un cambio de pensamiento por parte de todos los sectores. Pues, podemos contar con muchas normas y leyes; podemos seguir pidiendo reformas y cumplimiento de las mismas, pero si no se cumplen, sino se interioriza y sino cambiamos culturalmente como sociedad; es difícil que nuestras ciudades sean amigables con el ser humano que la produjo.

  • Cafetero

    Usualmente nadie se dedica a pensar en una “adaptabilidad” para usuarios con discapacidades al momento de edificar las infraestructuras. A eso podemos agregar el irrespeto que se presenta para los escasos espacios diseñados para aquellos con discapacidad, buen ejemplo de ello los estacionamientos en centros comerciales. Un tema muy interesante y a la vez muy ignorado por las autoridades.

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