Opinión

2 Nov 2017
Opinión | Por: Eduardo Rosales

Estimados candidatos

El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones.

Winston Churchill

 

Durante las últimas semanas, hemos vivido un momento excitante dentro del terreno político partidario y democrático. Dando lugar a un intenso llamado desde la ciudadanía demandando cambios y exigiendo un determinado comportamiento a sus representantes.

Este es un momento clave, en el que la ciudadanía exige un cambio que viene avalado por un largo proceso de empoderamiento de los salvadoreños que quieren decidir y asumir responsabilidades.

El pueblo salvadoreño debe votar para dejar atrás la crisis política, que ha sido sin duda la peor crisis de nuestra historia, caracterizada por actos de corrupción, ejecuciones extrajudiciales, hermanos emigrando, familias divididas, partidos políticos divididos y que nos dejó aislados, y solos del mundo, como en un desierto.

De ganar, deberán de emprender una lucha frontal contra la corrupción y si hubo, y hay corruptos en esta y otras administraciones deberán de trabajar en conjunto a las instituciones pertinentes para proceder con todo el peso de la ley.

No pueden seguir permitiendo la impunidad, el pueblo salvadoreño esta ávido por una justicia oportuna, imparcial y transparente. Cero tolerancias a la corrupción e impunidad deberá ser su causa.

En estos años hemos visto como la brecha entre ricos y pobres se ha agrandado, y como los servicios públicos fundamentales han descendido en calidad y cantidad. Pero, sobre todo, como las promesas populistas y la demagogia han tomado como presa a la mayoría de candidatos. Provocando un daño al estado de bienestar al que las y los salvadoreños aspiraban, con la aplicación de leyes torpes y una dejadez que ha motivado la desarticulación cultural de nuestro país.

Utilizan justificaciones como la crisis fiscal y los impagos para desmantelar los presupuestos, y cubrirse de gastos innecesarios acostas del dinero del pueblo.

El problema de nuestra democracia es que no estamos capacitados para utilizar nuestro estado de derecho y no defendemos las garantías que este ofrece. Además, algunos salvadoreños se dejan llevar por el fanatismo, y no por el raciocinio.

También, deberán impulsar una serie de reformas educativas con firmeza, con toda la voluntad política y apostar hacia la calidad educativa. Para ello, deberán contar con el apoyo de maestros, de los padres de familias y la comunidad en general. Debemos mejorar nuestros índices educativos a nivel internacional, y con la ayuda de la tecnología que nos permitirá reducir la brecha digital. La formación profesional va a ser una parte fundamental de la calidad educativa, para preparar a miles de salvadoreños en la formación e inserción rápida para el trabajo.

En las próximas elecciones los salvadoreños tendrán la oportunidad de elegir a candidatos idóneos para el cargo y que sepan representar verdaderamente al pueblo, luego de las elecciones estará en sus manos el sacarnos adelante de esta crisis política.

Es hora de dejar sanar las heridas del pasado y enfocarnos en el presente, y el futuro. Debemos dejar de culpar a los gobiernos o a los funcionarios, si queremos un cambio debemos ser protagonistas de ese cambio.

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