Opinión

7 May 2014
Opinión | Por: Oswaldo Serrano

¡Está yuca la cosa!

¿Cuántas tumbas más serán cavadas por los padres de los jóvenes asesinados? ¿Cuánto más va a aguantar la sociedad salvadoreña antes de que de verdad se haga algo por combatir la criminalidad?

En los últimos días se han dado a conocer en medios de comunicación nacional e internacional diversos hechos delictivos ocurridos en El Salvador. A diario vemos cómo muchos salvadoreños sufren la creciente ola de criminalidad. Lamentablemente, estos acontecimientos violentos se vuelven comunes en la sociedad salvadoreña; muchos ven “normal” las imágenes de madres llorando la pérdida de un hijo e hijos llorando la pérdida de sus padres.

Es normal ver a millones de salvadoreños que salen diariamente a las calles a trabajar o a estudiar; a rebuscarse por sacar a sus familiares adelante. Sin embargo, muchos se ven doblegados por el sentimiento de inseguridad que viven. Miles de familias se enfrentan a las maras en zonas donde los pandilleros tienen el control no solo de las calles, sino que de sus vidas. Esta situación es peor que la persecución que sufrieron los “muggles” por parte de Voldemort en la saga de Harry Potter. Y no es una novela, es la triste realidad.

Incluso, el ente encargado de la seguridad, la Policía Nacional Civil (PNC), es víctima de la inseguridad. Parte de los hechos divulgados, tanto nacional como internacionalmente, son los ataques que han sufrido agentes de la PNC por parte de grupos delincuenciales, dejando en evidencia que El Salvador no cuenta con la garantía de seguridad que el Estado debe proporcionar sus ciudadanos.

Mucho se habla de que las pandillas están ganando la batalla y terreno. Se están armando y se están preparando con enteramiento militar. ¿Para qué? Vaya usted a saber. Mientras esto sucede, los salvadoreños deben “acostumbrarse” a vivir bajo la angustia de salir de casa sin saber si volverán. A la sociedad salvadoreña le toca adaptarse nuevamente a una forma de vida basada en el miedo; el “toque de queda”, por ejemplo, aunque muchos ya lo conocen y se remontan a la pasada guerra. Los abuelos cuentan que así comenzó todo allá por 1980.

Tal es el caso que nuevamente los Estados Unidos ponen en evidencia esta situación a nivel mundial, advirtiendo a los ciudadanos norteamericanos para que no visiten el territorio salvadoreño y así evitar ser víctimas de la delincuencia.

Se dice que la primera acción de las autoridades del gobierno salvadoreño, luego del alza en los hechos delictivos y la alerta emitida por los estadounidenses, fue aumentar la seguridad de algunos funcionarios públicos. ¿Qué pasa con el resto de ciudadanos que diariamente se exponen y no tiene un miembro de la Protección de Personas Importantes de El Salvador (PPI) que los esté protegiendo? ¿Cómo los agentes de la PNC van a combatir el accionar delincuencial si no tienen ni macana buena para hacerlo? ¿Cuál será el futuro de los huérfanos que hoy no tiene quién vele por ellos?

¿Cuántas tumbas más serán cavadas por los padres de los jóvenes asesinados? ¿Cuánto más va a aguantar la sociedad salvadoreña antes de que de verdad se haga algo por combatir la criminalidad? ¿Se va a seguir negociando la vida de los salvadoreños y cuál será su precio?

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