Opinión

27 Jul 2017
Opinión | Por: Gerardo Schönenberg Ávila

Entrega, fe, amor, sacrificio, martirio, oración y defensa de los pobres entre los pobres

En esta oportunidad quiero hablar de unos elementos que los salvadoreños y el mundo hemos dejado a un lado y que nuestro querido Beato Oscar Arnulfo Romero (salvadoreño de corazón y totalmente como nosotros) nos enseñó: entrega, fe, amor, sacrificio, martirio, oración y defensa de los Pobres entre los pobres.

Tuvimos la gran bendición de tener las reliquias de nuestro Beato en la parroquia Santa Elena. El Beato dio la vida por Jesús hasta la muerte, no tuvo miedo de defender a nuestro país y a los pobres entre los pobres; tuvo una vida de oración en la cual tenía una comunicación perseverante y constante con Dios. Y fue una de las personas, que a pesar de la triste realidad que vivía El Salvador en esa época, muy parecida a nuestro diario vivir, nunca perdió la esperanza y la fe.

Con mi grupo pastoral juvenil tuvimos la oportunidad de vivir un retiro en este mes, en el cual creo que a todos nos cambió la vida. A mí me enseño a no tener miedo de defender la igualdad, la justicia y sobre todo, el derecho a la vida que todo ser humano tiene desde el momento de la concepción hasta la muerte natural.

Me enseñó a orar con el corazón y en medio de mis actividades cotidianas porque como sabemos, Dios está en todo lugar y nunca nos deja solos. Lo que Él quiere es que lo busquemos en todos los momentos; que amemos con el corazón; que hablemos con el Espíritu Santo, que casi nadie lo invoca, y que soportemos un poco más los dolores, los malestares, las conductas y las actitudes discriminatorias, que aún se dan hacia las personas con discapacidad y otros sectores vulnerables.

Las obras de misericordia son muy buenas para practicar los elementos de los que hablo aquí. Vestir al desnudo, dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, visitar a los presos, abandonados, a los enfermos, a los moribundos y a los huérfanos. Dar consejos al que lo necesita o consolarlos, rezar por los difuntos, y escuchar a los que nadie oye. Nos enseñan a buscar a Dios, entregarnos los unos a otros, salir de nuestro egoísmo y a darnos más sin recibir nada a cambio.

 

Por otro lado, podemos ver como el Beato Oscar Arnulfo Romero defendió a la Iglesia, a Dios, a sus hermanos sacerdotes, a Jesús en la Eucaristía y a su pueblo. Esta es una de las cosas que, lastimosamente, hemos perdido los salvadoreños y el mundo; hoy estamos en la Iglesia y pensando en el teléfono, en el trabajo, en nuestros jefes, en la chica o el chico que tenemos a la par, en la persona que nos gusta, en cómo anda vestida la gente, en el sacerdote da la misa; y, lastimosamente, en quien menos pensamos es en Dios, en Jesús como su hijo y en todo su amor que fue derramado en la cruz para nuestra salvación. También, hay gente que sale de la Iglesia cuando el sacerdote o el pastor no ha terminado de hablar. Hemos perdido la comunicación con Dios y al mismo tiempo es una falta de respeto.

Deseo terminar con varias frases del Beato Oscar Arnulfo Romero que considero que podemos poner en práctica para crecer y ser mejores personas: “La oración es la cumbre del desarrollo humano”. “El hombre no vale por lo que tiene, sino por lo que es”. “Mi voz desaparecerá, pero mi palabra que es Cristo quedará en los corazones que lo hayan querido acoger” “Es inconcebible que se diga a alguien “cristiano” y no tome como Cristo una opción preferencial por los pobres”. Y, “ningún hombre se conoce, mientras no se haya encontrado con Dios”.

 

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