Opinión

23 Abr 2016
Opinión | Por: Óscar Melgar

Entendiendo la dimensión social en la construcción del desastre

Los huracanes, erupciones volcánicas, lluvias, tsunamis así también los terremotos, son eventos presentes en la historia de la humanidad que han provocado muertes, daños a la infraestructura, medio ambiente y otros efectos adversos. Estos mal llamados “desastres naturales” se creía eran castigos divinos resultado del mal comportamiento de los seres humanos.

Sin embargo, y con la evolución de los conocimientos técnicos-científicos, los desastres se constituyen como procesos que resultan de combinar elementos naturales y sociales que ocurren en un tiempo y espacio determinado.

A manera breve, la característica social que determinará el nivel de impacto y/o el grado de afectación de una población ante un desastre será la vulnerabilidad. La vulnerabilidad entre sus tantas definiciones se describe como las características internas que posee un determinado grupo ya sea sociales, económicas, políticas, culturales e institucionales. Otros autores como Wilches-Chaux, consideran la vulnerabilidad como la incapacidad de una comunidad para absorber por sí mismo las distintas transformaciones que puedan presentarse en su ambiente.

En el área económica la vulnerabilidad se presenta en las siguientes condiciones: la pobreza, el acceso a los servicios de seguros y/o para la reconstrucción de las poblaciones afectadas por los desastres. La vulnerabilidad física puede reflejarse en: zonas urbanísticas localizadas en zonas de riesgo como laderas de volcanes, barrancos o quebradas; infraestructura pública y privada con materiales inseguros y normas de construcción no aplicadas; edificios habitacionales catalogados como no habitables pero que aún sigan utilizándose; mínimas obras de mitigación en zonas consideradas como de riesgo de desastres. En el área educativa podemos mencionar: desconocimiento de la población de los procedimientos a realizar en situaciones de emergencia; inexistencia de una línea curricular a distintos niveles para generar conocimiento en materia de desastres; desconocimiento de las condiciones de riesgo de desastres por parte de la población en general. En el área institucional las condiciones pueden ser: instituciones gubernamentales que realizan trabajos sólo en materia reactiva y no preventiva; mínimo presupuesto para la realización de proyectos y la falta de compromisos políticos reales que ayuden a disminuir los niveles de riesgo en la sociedad salvadoreña.

Aunque el tema da para largo, es importante que las y los salvadoreños tengamos en cuenta que somos una sociedad que convive con los riesgos y somos susceptibles a sufrir un desastre en cualquier momento. Por ello, el interés por construir una cultura basada en la prevención debe ser una tarea coordinada por el Gobierno Central y apoyada por los demás sectores como el sector privado, el sector no gubernamental, junto con las organizaciones de las sociedad civil, los gobiernos municipales y el sector académico encargado de generar los conocimientos necesarios para conocer la situación de riesgo y vulnerabilidad en El Salvador.

Hoy en día, todos independientemente del país donde nos ubiquemos somos vulnerables a sufrir cualquier tipo de desastre, con la diferencia que los niveles de vulnerabilidad son distintos en una sociedad y otra; siendo esta condición la que determinará el nivel de impacto de un desastre. Integrar y entender la dimensión social como parte importante del proceso de construcción del desastre significa reflexionar y comprender que los seres humanos convivimos dentro de una dinámica social que involucra una serie de acciones y relaciones que pueden repercutir en la creación de un desastre. Por ello, es fundamental desarrollar el conocimiento científico de la realidad salvadoreña para construir un modelo de desarrollo propio que desarrollen estrategias para disminuir vulnerabilidad y construir capacidades para hacerle frente a los desastres.

 

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