Opinión

8 Ago 2013
Opinión | Por: Juan Martínez

¡Encontré una política bien hecha!

Hace un par de semanas, tuve el placer de sostener una amena conversación con una chilena, acerca de las políticas de desarrollo económico que se llevan a cabo en su país. Como era de esperarse del país mapuche, alguna propuesta interesante tenía que salir de aquella conversación, y de hecho así fue. Me llamó la atención lo que me comentó acerca del Sistema Nacional de Certificación de Competencias Laborales chileno. De hecho, este concepto inició en el Reino Unido en 1986 y posteriormente fue exportado a Australia, México, Europa, Japón, Brasil y Chile. Para quienes no han oído hablar de él, a continuación lo explico en el contexto salvadoreño.

Pensemos en los trabajadores y emprendedores que forman el sector informal en El Salvador (quienes componen aproximadamente el 50% de la fuerza laboral). Muchas de estas personas tienen algunos estudios, pero la mayoría no llegó a completar el bachillerato; sin embargo, en sus labores del día a día, ellos adquieren experiencia y aprenden a realizar tareas específicas, o en un lenguaje más formal, adquieren competencias. La Ley de competencias laborales chilena las define como “aptitudes, conocimientos y destrezas necesarias para cumplir exitosamente las actividades que componen una  función laboral, según estándares definidos por el sector productivo”.

A pesar de haber salido del sistema educativo, los trabajadores informales pueden incrementar su capital humano día a día (y de hecho lo hacen). El problema es que las empresas no tienen forma de verificar que los trabajadores cuentan con dichas competencias, a menos que estos obtengan un diploma del sistema educativo formal, lo cual es un gran sacrificio para muchos en situación de pobreza.

El Sistema de Certificación de Competencias resuelve ese problema: evalúa en los trabajadores su nivel de destreza en competencias reconocidas por la industria, y ofrece un documento que certifica que el trabajador posee dichas habilidades. De esta forma, incluso personas fuera del sistema educativo pueden optar por mejorar su posición social invirtiendo en capital humano, y las empresas pueden acceder a una oferta laboral más amplia. Pero hay más beneficios que los que se aprecian a simple vista. La certificación de competencias laborales también incrementa los incentivos para capacitarse en competencias que son reconocidas por el sistema. La razón de esto es que los trabajadores pueden guiarse por el sistema de certificaciones para saber qué destrezas son demandadas por la industria. Esto, a su vez, crea una demanda para personas que sean capaces de transmitir competencias que han adquirido y posiblemente certificado.

Aunque el efecto de dicho sistema pueda parecer meramente informativo, el impacto que puede tener en los incentivos de los trabajadores puede crear una diferencia tangible en términos de ingresos laborales. Certificar una competencia requiere menos tiempo y esfuerzo que terminar el bachillerato, y es más fácil animarse a invertir en capital humano cuando se pueden obtener pequeños beneficios en el corto plazo, que cuando la meta está tan lejos que parece imposible. Una certificación puede ser el primer paso para cambiar de ocupación, desde vendedora de verduras, hasta un puesto mejor pagado como secretaria.

En El Salvador, el INSAFORP ha estado en proceso de diseñar un sistema similar desde 2001 en colaboración con la Asociación Salvadoreña de la Industria del Plástico, y actualmente se entregan certificaciones en áreas como la atención al cliente en restaurantes. No encuentro un análisis cuantitativo del impacto en el caso salvadoreño, pero en Chile dicho programa mostró un impacto positivo (aunque modesto) en términos de salarios y en formalidad del empleo.

Este es un proyecto con un impacto positivo, realizado por la industria y el Estado trabajando juntos, y que ha trascendido ya tres gobiernos. ¡Quién diría, alguien está haciendo las cosas bien!

  • Alejandro Gutierrez

    Increíble, creo que la debida información sobre oportunidades como esta es la clave para que las personas y empresas tomen la mejor ventaja posible …

    • Juan

      ¡Y ya se está haciendo en nuestro país! Lástima que a las cosas buenas no se les reconoce como se debe.

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