Opinión

10 Abr 2017
Opinión | Por: Karen López

En un mundo utópico el diálogo debería ser nuestra mejor arma, la única

Siria: un auxilio a gritos a un sistema que no quiere escuchar. Las cifras de víctimas van en alza, tanto que la ONU dejó de contabilizar las en 2014. La guerra en Siria es una guerra que ha cobrado la vida de personas inocentes, que están desestabilizando la calidad de vida de millones y que han destruido familias enteras. Por las razones que sean, las guerras no deberían de existir.

A marzo de 2016, el conflicto en Siria ha desplazado de sus hogares a millones de personas que buscan protección. Hay 4 millones 815 mil 868 refugiados sirios en los países vecinos. Esta cifra incluye a 2,1 millones de refugiados sirios registrados por el ACNUR en Egipto, Irak, Jordania y Líbano; a 1,9 millones de refugiados sirios registrados por el gobierno de Turquía, además de más de 28 mil refugiados registrados en el Norte de África. Además, hay más de 6,6 millones de personas desplazadas internamente en Siria.

Nadie se atreve a señalar culpables, a encarar y hacer justicia de esta destrucción masiva con consecuencias inhumanas, lejanas de una realidad que cada cierto tiempo celebra “La Paz”. Pero estamos obligados a preguntarnos: ¿qué es paz? ¿Para quién es la paz? ¿Quiénes son los hipócritas que celebran paz mundial?

Dato: Cada 21 de septiembre, se celebra en todo el mundo el Día Internacional de la Paz. La Asamblea General de Naciones Unidas ha declarado esta fecha día consagrado al fortalecimiento de los ideales de paz, tanto entre todas las naciones y todos los pueblos como entre los miembros de cada uno de ellos.

La situación es difícil y podemos hacer dos cosas. Alzar nuestra voz por ellos, desde nuestra área, mostrar el inconformismo y señalar lo que no está bien. Parece simple pero las fronteras a veces no significa lo lejos o lo inalcanzable. Tal vez esta guerra no la podamos ganar con palabras, pero ojalá lleguen a oídos de personas que tienen el poder y la autoridad para hacerlo, para terminar de una vez por todas esta ridícula forma de resolver problemas de estados.

O por otra parte, puedes seguir sin hacer nada, como hasta ahora.

Después de una guerra, vienen sus consecuencias irrefutables, como pasó en El Salvador. Hasta el día de hoy estamos sufriendo los problemas de esa fecha, padeciendo problemas de involución y estancamiento socioeconómico que nos hace avanzar de forma lenta, pausada, y muchas veces sin dirección.

No podemos cambiar el pasado y lamentarnos eternamente de lo que hemos sufrido, sin embargo, es sano aprender de ello y estar alerta para crear un mundo más razonable, argumentativo y pensante; y esperar que nuestros gobernantes tengan criterio y un sano juicio al momento de tomar decisiones.

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