Opinión

11 Sep 2013
Opinión | Por: Jaime Ayala

¿En qué quedamos, jóvenes?

No me sorprende estar escribiendo esto. De hecho, estoy casi seguro que muchas personas lo esperaban. Incluso recuerdo a un buen par pronosticándolo hace ya varios meses. Durante los últimos días, y mientras más nos acercamos a las elecciones, diversos análisis hechos por y sobre los jóvenes se han presentado en diversos medios, cada uno con su estilo. Aplaudo el observar caras nuevas, pues entre más incluyente y participativo sea este proceso, también más crítico y constructivo será este mismo.

 

No pretendo arremeter contra las ideas planteadas por algún autor en específico, pero sí me parece pertinente destacar parte de lo que no ha sucedido desde que los movimientos juveniles empezaron a manifestarse. “Los jóvenes vamos a cambiar la política de nuestro país”, dicen algunos. Yo pregunto cómo vamos a hacer eso. “Ya estamos cansados de los políticos actuales” mencionan otros. Sí, pero seguimos intentando que quienes están en las sillas legislativas nos escuchen y den una oportunidad.

 

No digo que los esfuerzos actuales sean inservibles o vacíos, pero a veces me pregunto a dónde vamos con todo esto. En un país donde cualquiera con una cuenta de tuiter y tiempo para escribir se cree analista, que los jóvenes comencemos a coincidir en ciertos objetivos se vuelve una condición casi vital para el desarrollo político de nuestra sociedad.

 

Muchos escriben a favor del casi nuevo discurso en el que se deben dejar de lado las ideologías y partidos políticos, culpando a estos últimos por la situación de nuestra nación.  Tienen razones para hacerlo, pero que no se nos olvide que estos son el medio para llegar el poder. Si, al final, un joven no desea estar en uno de los partidos tradicionales, pues no sería mala idea que vaya pensando en fundar uno. Sé de las candidaturas independientes, pero por el momento no se ha visto algún resultado concreto. Esperemos esto mejore poco a poco.

 

La conclusión general a la que quiero llegar es que no basta con seguir repitiendo los discursos anti ideología o en contra de los partidos, pues al final los jóvenes necesitamos de este sistema para cambiar las cosas. No solo se requiere que nos preparemos con una educación de calidad, sino que aprendamos a generar cambios desde el lugar donde todo se ha arruinado: el poder. Llegar a los altos mandos del país se vuelve una opción casi obligatoria para los jóvenes. Sin embargo, quizá cuando eso suceda la juventud ya se nos haya escapado, al menos la física.

 

Al final, no importará si elegimos un partido de izquierda o uno de derecha, lo que será relevante es la capacidad que tengamos de colocar intereses individuales y partidarios por debajo de los colectivos y nacionales. Habremos hecho bastante cuando dejemos de formar circos mediáticos y ridículos por el simple hecho de jugar con el poder político. Porque antes de ser economistas o abogados, somos seres humanos y salvadoreños. Hay que saber tener los pies en la tierra.

 

Tan famosa es la frase que adjudica al pueblo los dirigentes que se merece, pues a veces se me ocurre que en la medida que los líderes practiquen un buen ejemplo, estos también serán merecedores del gran pueblo que es El Salvador. Y quizá todo esto pueda sonar muy poético y abstracto, porque de hecho en el fondo muy probablemente lo es, pero eso no lo convierte en algo menos real o necesario dentro de nuestra sociedad.

 

La clave -a mi parecer- del verdadero cambio en nuestro país, no está en convertirnos en las enormes mentes críticas que a veces deseamos ser, sino en arrebatar las riendas del país y marcar el rumbo de los años venideros. Si queremos que la cosas sean diferentes, tenemos que empezar a hacer cosas distintas. Quienes están actualmente en el poder no tienen incentivos para cambiar. Que sigamos debatiendo o criticándoles no va a cambiar mucho, lastimosamente.

 

Participen, comprométanse y disfruten la política. Pero, sobre todo, piensen, sean críticos y no cometan los dogmáticos errores de nuestros líderes. 

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