Opinión

18 May 2015
Opinión | Por: Daniel Mejía

En el país de la indiferencia

 

Es fácil criticar, comentar y llenarse la boca diciendo que el país está sumergido en violencia y que el país no es más que cosas malas, pero ¿qué hacen esos que se dicen llamar “salvadoreños de corazón”?

La palabra indiferencia viene del latín indifferentĭa, que significa estado de ánimo en que no se siente inclinación ni repugnancia hacia una persona, objeto o negocio determinado. Es el fenómeno que no se sabe ni cuándo ni cómo se apoderó de una manera inexplicable en la sociedad que vivimos.

Que si Lorena Peña tendrá una buena gestión en la Asamblea Legislativa, que si Guillermo Gallegos saldrá igual que Sigfrido Reyes o peor, que si Metapán volverá a ser campeón, que subió el precio de la gasolina. En fin, política, deporte, y economía; hoy no hablaremos de eso. Hoy quiero preguntarle a una gran parte de la sociedad salvadoreña el por qué pareciera como si vivimos en el paraíso de los vale veinte.

Sabemos que tenemos un gobierno incompetente, que con comerciales como que fueron sacados de un tráiler de película de guerra trata de decirnos que su lucha contra la inseguridad en este primer año de gestión ha sido muy ardua, pero basta con ver las cifras publicadas que nos demuestran todo lo contrario. ¿Qué se espera para actuar? ¿De qué sirve lamentarse cuando a ellos fue el mismo pueblo quien los eligió?

Un paraíso lleno de indiferencia, un paraíso donde nos da igual lo que suceda a nuestro alrededor; un paraíso donde la gran mayoría se llena la boca hablando de las falencias del gobierno de turno. Habla de las malas gestiones de los funcionarios y donde palabras como violencia, inseguridad, pandillas, maras, asesinato, son palabras con las que gran parte de los salvadoreños, sin distinción de clases, se ha acostumbrado a vivir.

En esta ocasión, quiero dedicar esta #OpiniónML a esos salvadoreños que creen aún en este país. Es fácil criticar, comentar y llenarse la boca diciendo que el país está sumergido en violencia y que el país no es más que cosas malas, pero ¿qué hacen esos que se dicen llamar “salvadoreños de corazón”? ¿Qué hacen por querer cambiar el destino de esta sociedad?

Programas de opinión pública como Frente a Frente, 8 en Punto, Diálogo y Debate con Nacho, son una de las pasarelas favoritas de estas personas, quienes se sienten cómodas viviendo en el paraíso de la indiferencia. Hablan de todos los problemas habidos y por haber y algunos hasta la hacen de profetas previendo lo que sucederá en los próximos años.

Pero ninguno nos habla de tomar una acción social por el bien de una comunidad o un grupo de jóvenes. Es más, nunca se menciona la falta de amor y vivimos en un país lleno de odio, envidia, y violencia; pero aun así estamos citados como uno de los países más felices. Después de todo no solo somos cosas malas.

“El poder en una nación no lo tiene su gobierno, lo tiene el pueblo”. Partiendo de esa frase sé y conozco de varias organizaciones, iglesias, ONG y hasta de personas independientes que hacen cosas buenas por este país. Que se toman el compromiso de hacer una labor social con el fin de aportar cosas buenas al país que los ha visto nacer. Personas que hablan poco y hacen mucho, que entran en lugares donde ni la policía entra. Personas que dedican parte de su tiempo para ayudar a los necesitados. Salvadoreños que de todo corazón sirven a los que lo necesitan y a ellos nunca los he visto o escuchado en algún medio exaltando su ego, haciendo eventos en vivo por la TV “para recaudar fondos”. Ellos trabajan porque les nace y no necesitan salir en primera plana de un periódico o en la TV para ser reconocidos por su labor. Ellos no son show, ellos hacen.

Hace más el que poco habla y hace poco o nada el que mucho habla. Señores editores, directores, analistas, partidos de oposición, funcionarios públicos, y catedráticos, con hablar no hacemos nada, con lamentarnos mucho menos. Esta sociedad y los que renunciamos a vivir en un paraíso de indiferencia no queremos sus opiniones, queremos sus acciones.

 

 

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