Opinión

31 Ago 2018
Opinión | Por: Caleb Padilla

Emigración y destino

“Salir de tu país muchas veces es la única opción que queda”

Una frase repetida por muchos compatriotas que abandonan El Salvador por diferentes motivos y obligaciones. Es una realidad convulsionante y que aún no logra detener tanta desintegración social, que es causada por el desempleo, la delincuencia, la corrupción, falta de oportunidades de superación, y el nivel académico limitado, entre otras circunstancias. Todas estas circunstancias han sido suficientes para que más de 2.8 millones de personas, según el Ministerio de Relaciones Exteriores, emprendan un viaje que en muchos casos es sin retorno. Son familias, sueños, trabajos, estudios, amistades, y muchas otras cosas que deciden dejar atrás.

Conozco a muchos que han emigrado por circunstancias diversas como querer avanzar en una profesión, culminar estudios, desarrollarse personalmente o simplemente vivir por deseo en otro país. Pero, también conozco a muchos que no han tenido otra opción, no encontraron ningún camino positivo en el país y se vieron obligados a huir de esas circunstancias, que al parecer seguirían incrementándose de no haberse largado, sin nada más que la valentía y las ganas de llegar a un mejor horizonte. Pues en ellos me centraré en este artículo, en aquellos que por peligros de muerte, deudas impagables, falta de oportunidades, acusaciones falsas o persecución política, están hoy fuera de El Salvador; muchos de manera ilegal y otros que tuvieron que esperar muchas décadas para lograr su legalidad.

Ha sido un llamado de atención para los gobiernos en turno que no logran mermar esta situación de emigración masiva, la cual está prácticamente desterrando a mentes y fuerza de personas que podrían formar parte del impulso que necesita nuestra economía. Pero, el fenómeno de igual manera se ha convertido en uno de los parámetros para el ingreso de dinero al país, por medio de las remesas, por lo que lo fácil es que todos sigan saliendo a generar ingresos para su familiares al exterior y continúen remesando al país, y así salvarlo de la crisis económica en la cual se mantiene y no logra crecer. Es una triste realidad que está obligando a la separación familiar, causando así que la niñez crezca sin mamá o sin papá, jóvenes que no culminan sus estudios, muchos de ellos mueren en el camino, otros sufren accidentes, o son secuestrados y son víctimas de trata de blancas o contrabando de personas. Se han causado muchos traumas, daños psicológicos o trastornos psiquiátricos.

Pero, a pesar de todo lo negativo, existen los casos exitosos que han logrado lo que nunca se imaginaron en el país y se les han abierto puertas sin necesidad de encontrarse legalmente establecidos en un país. Muchos de ellos se han quedado con visas o han tomado el camino del inmigrante: por muchos días caminar, ir en tren o en bus, con peligros de muerte y milagrosamente sobrevivir o no ser capturado por migración. Estos casos han escapado de la violencia o por amenaza de pandillas, donde su vida y la de su familia fueron más importantes que sus propios sueños en el país. A ellos no les quedó alternativa pero se arriesgaron y hoy están cosechando éxitos en otros países. Muchos no creyeron en ellos, pero hoy hasta autógrafos quieren pedirles; sin embargo, el destino de cada quién ha sido elemental para sus logros y mantener sueños en mente a pesar de la ubicación geográfica en la que se encuentren.

La emigración puede ser fatal o puede ser exitosa, pero lo que aquellos que se han ido del país dicen es que si estas bien, ni pensés en salir de El Salvador. Muchos de ellos desearían regresar pero ya no pueden, por lo cual todos los que seguimos aquí debemos transformar esa realidad que obliga a otros a escapar de un país que muchos consideramos un paraíso; al cual amamos y queremos que dé a muchos afuera la esperanza de regresar. Somos los obligados a transformar las condiciones sociales, ambientales y económicas de nuestro país, no podemos seguir perdiendo tiempo y esperar que alguien más resuelva, somos nosotros los que tenemos que resolverlo y pensar en las soluciones a esto. Nuestro tiempo es a mediano y largo plazo por lo que el 2040 debe ser nuestro límite para haberlo solventado.

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