Opinión

16 Mar 2017
Opinión | Por: Juan Carlos Menjívar

El zoológico no se cierra

Todos lamentamos la muerte del hipopótamo Gustavito, pero así también se lamentó la muerte del hipopótamo Alfredito, y ninguna ha dolido más que la muerte del elefante Manyula. Y aunque las campañas que tienen como fin cerrar el zoológico no son nuevas en el país, con el deceso de Gustavito estas han tomado un nuevo aire. Valiéndose de argumentos sobre la calidad del cuidado de los animales y la salud de los mismos, movimientos  que se consideran en pro de los animales buscan imponer lo que ellos consideran lo mejor para los animales de nuestro único Zoológico Nacional.

Y razón no les falta, no es necesario hacer una investigación profunda para determinar que la mayoría de los animales del zoológico viven en malas condiciones.  Los recuerdos de mi infancia al ver al oso que custodiaban, en la ahora jaula del tigre, no son nada a       menos y ahora como adulto cuando lo recuerdo, puedo darme cuenta que la querida osa “melosa” murió tal como vivió, en total decadencia y descuido.  Pero los niños no pueden ver esto, y no porque no quieran, es que simplemente no pueden.

No pueden cerrar el Zoológico Nacional, permítanme cambiar el verbo, no deben cerrar el Zoológico Nacional, al menos no por los motivos que actualmente mencionan. En primer lugar porque gran parte del problema se debe al poco presupuesto que se le asigna cada año, me encantaría que cada una de esas personas que firmó en la campaña para su cierre, lo visitara al menos una vez al mes; solo con eso bastaría para que las autoridades de la Secretaría de Cultura (SECULTURA) pudieran dar un mejor servicio, no solo para los animales, sino también para los visitantes.

Y es la propia SECULTURA la que nos muestra en sus datos que el Zoológico Nacional es el parque más visitado del país, y la razón es sencilla, el zoológico es barato y en un país donde gran parte de la población puede considerarse de bajos recursos, el zoológico es un oasis en el desierto. Tanto para los padres de familia que pueden salir con sus hijos sin necesidad de rascarse el fondo del bolsillo, como para los niños al ser único lugar donde ellos pueden aprender sobre la vida animal.

Muchos se olvidan que el zoológico no es un lugar de entretenimiento, propiamente dicho, sino un espacio de educación y estudio para los salvadoreños sobre los animales. Los visitantes más usuales dentro del zoológico son los niños que llegan por las excursiones que promueven sus escuelas, y estas escuelas no lo hacen para regalarle al niño un día entero de recreo. Tienen como fin encender la llama de la investigación y descubrimiento, a la vez que esperan fomentar un verdadero respeto hacia los animales.

Claro que el Zoológico Nacional está en mal estado, claro que los animales no son bien cuidados, pero el Zoológico Nacional es parte de nosotros, parte de nuestro pasado, presente y espero que de nuestro futuro. Las muertes seguirán pasando en el recinto del zoológico, pero así también seguirán llegando nuevos animales, en especial aquellos que el Estado de El Salvador confisca a los traficantes de animales. La mayoría de los animales que llegan al zoológico por esta vía ya no pueden volver a su habitad natural y es el Zoológico Nacional el que se encarga de su cuidado, aun conscientes de sus escasos recursos.

Antes de creernos defensores de los animales desde atrás de la computadora, mejor aboguemos por un mejoramiento de nuestro zoológico, al menos visitémoslo y cuando veamos que ni apoyándolos mejoran, tendrán todo el derecho y razón para exigir su cierre. En cincuenta años cuando tenga un nieto y quiera llevarlo a un Eco-Parque, creo que con El Espino me bastará.

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