Opinión

31 Oct 2017
Opinión | Por: Caleb Padilla

El susto de Selma

Vemos que el mes de octubre va llegando a su final y recordamos los tiempos de salir de la escuela o culminar los exámenes finales, recordamos los vientos de octubre y la época en la que ya no vemos lluvias sino cielos despejados; pero con mucho viento, donde posiblemente recordamos los vuelos de piscuchas y ya el no ir a clases.

Al parecer este año el cambio climático nos tenía una última sorpresa y susto, para lo cual pusimos en alerta todos los sistemas y nos preparamos para recibir este regalo de final de año de la naturaleza, que nos recuerda lo vulnerable que somos. Nos hace saber que en cualquier momento nos puede pasar algo y lo más importante es estar preparado.

En esta ocasión tuvimos horas para activar todos los sistemas de protección civil a nivel nacional, poder monitorear e informar a la población en tiempo real, detectar las zonas vulnerables y dónde iba a caer mayor cantidad de precipitaciones. Además, suspender clases en algunos centros de estudios o universidades por la seguridad de la población y advertirnos lo que podría pasar, y estar preparados con la familia para llamar a las autoridades de ser necesario, o mantener una buena dotación de alimentos y herramientas en nuestro hogar para saber tomar las medidas pertinentes, y sobrevivir a lo que podría ser una catástrofe.

Es así como en el Océano Pacifico se formó la tormenta “SELMA”, que al parecer estaba tomando mucha fuerza y su trayectoria sería directamente a El Salvador, por lo que la vulnerabilidad a inundaciones, deslaves, obstrucción de calles y carreteras era casi seguro.

Como salvadoreños tenemos la costumbre de tomar acción hasta que tenemos encima las catástrofes y, al parecer, durante todo el año no hubo mayor trabajo en el tema de resiliencia en las ciudades, ya que nunca se espera un fenómeno de este tipo. Consecuencia que en algunos casos pasan muchos años entre uno y otro de estos eventos para que directamente impacte el país.

Un llamado para todos a que construyamos un país resiliente, donde reduzcamos por mucho los daños que podrían suceder, minimizar o erradicar el número de víctimas que podrían ser afectadas a raíz de cualquier evento como este, maximizar la educación y consciencia institucional para no solamente actuar en el momento que suceden, sino planificar para estar preparados y no lamentarnos cada vez que esto suceda.

¿Las instituciones están planificando a largo plazo? ¿El gobierno está promoviendo a nivel nacional el tema de la resiliencia? ¿Las municipalidades se están integrando a programas internacionales, que buscan la investigación y planificación en cada ciudad según sus condiciones? ¿Qué estamos esperando para ser un país preparado para cualquier catástrofe? ¿Más víctimas? ¿Más pérdidas materiales? ¿Más destrucción? Pues espero que nos pongamos en acción hoy.

No quiero ser negativo, ¿pero será que nuestro país busca el asistencialismo y aprovecharse de las donaciones que se envían por cada catástrofe? ¿Desviar fondos para damnificados? ¿Mantener una tasa negativa de víctimas para recibir más ayuda? ¿Ser las víctimas para dar lástima y que no quieran estar regalando apoyos? Son preguntas que al no ver acciones concretas de preparación a largo plazo surgen, porque no podemos estar viendo el problema y nunca actuar; siempre hay una razón para tardar o para apurar.

En las decisiones de país se reflejará las verdaderas intenciones, pero debemos iniciar ya para no lamentarnos mañana. Invito a todos a construir un país verdaderamente resiliente hoy, después puede ser muy tarde.

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