Opinión

31 Mar 2017
Opinión | Por: Mario Hernández Villatoro

El show mediático de la Alcaldía de La Unión

El 07 de marzo de 2013, la Asamblea Legislativa aprobó reformas al Código Electoral para implementar los Concejos Municipales Plurales a partir de las elecciones de 2015. Desde entonces, la opinión mayoritaria coincidió en dos aspectos: la democratización, en tanto que garantizará el diálogo; la concertación y el debate, y la transparencia, puesto que los concejales de oposición vigilarán para que los recursos se utilicen de la manera más eficiente posible.

Precisamente, la naturaleza de los concejos plurales no es decir “Amén” a todo lo que al alcalde se le ocurra hacer y deshacer, sino exigir y obtener todos los análisis técnicos, financieros, jurídicos o de otra índole, a fin de balancear la necesidad del desarrollo del municipio versus la solvencia financiera municipal.

El denominador común que presenta el Concejo Municipal es que las decisiones adoptadas buscan alcanzar el bien colectivo; pero, existen lineamientos, reglas, normas y racionamientos que atender previo a tomar una decisión de vital importancia y de consecuencias ulteriores. Es así que ante la solicitud de un crédito, se debe efectuar un análisis meticuloso de las finanzas de la institución municipal, los detalles de la transacción, sus requisitos, condiciones y examinar las consecuencias económicas que acarreará la alcaldía en el corto y largo plazo. Si no creen, pregúntenle a papá Gobierno, que ya tiene la soga en el cuello por tanta deuda.

La Alcaldía de La Unión y algunos concejales invitaron a varias personas, supuestamente líderes de comunidades para que exijan a todos los concejales a fin de dar sus votos para autorizar un crédito; para ello, se orquestó un plan de presión social.

El Presidente del Instituto Salvadoreño de Desarrollo Municipal mencionó que la alcaldía tiene la capacidad de endeudamiento, pero esta simple mención de ninguna manera suple el análisis financiero al que me he referido. Tampoco, lo sustituye el hecho que entreguen un presupuesto en el mismo instante que están ejerciendo presión social, sin tener un segundo para leerlo y menos para evaluarlo.

El artículo 11 de la Ley Reguladora de Endeudamiento Público Municipal prohíbe los actos de las municipalidades que de cualquier modo comprometa el crédito público, sin previa autorización escrita del Concejo Municipal en la forma y de acuerdo a los procedimientos que establece el Código Municipal. Dicho procedimiento se desarrolla en los art. 30, numeral 22 (facultad del Concejo: acordar la contratación de préstamos para obras y proyectos de interés local); y art. 36, y siguientes (procedimiento de las sesiones del Concejo) del Código Municipal.

Además, es plausible que las sesiones del Concejo sean públicas y que la Alcaldía establezca mecanismos de participación ciudadana, las cuáles ya se encuentran predeterminadas en el art. 116 del Código Municipal, enumerando las sesiones públicas del Consejo, cabildo abierto, consulta popular, consulta vecinal y otros. En las sesiones públicas, las personas invitadas tienen voz pero no voto, y previamente tiene que estar autorizada por el Concejo; el cabildo abierto tiene por finalidad informar a la población acerca de los planes de desarrollo municipal; la consulta popular es una deliberación pública acerca del sistema electoral, iniciativa de proyecto de ley, plebiscito; y ya se determina el procedimiento en el art. 117, en el que se decide realizarlo solamente por la decisión de la mayoría calificada del Concejo. Entonces, esa aglomeración de personas frente a los concejales, ¿qué era? ¿Sesión pública? ¿Cabildo abierto? ¿Consulta popular? ¿Manifestación? ¿Ring de boxeo? ¿O qué?

Llevar a otras personas para exigir a los concejales que den sus votos para autorizar el crédito es una evidente forma de mostrar debilidad, e incapacidad para lograrlo bajo un mecanismo de negociación, consenso y cumplimiento de requerimientos con el objeto de lograr el bienestar de las mayorías, sin desequilibrar las finanzas municipales.

En otras palabras, crear ese show mediático con la multitud de personas para presionar, exigir y casi obligar a los concejales a que autoricen el crédito, tratando de desacreditarlos públicamente, buscando la humillación y rayando la coacción, es una forma muy sutil de decir: “que mis seguidores los obliguen, porque yo no tengo la inteligencia necesaria para explicar técnicamente la necesidad del crédito ni la capacidad para convencerlos”.

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