Opinión

4 Ago 2017
Opinión | Por: Mario Matheu

El Salvador: inmerso en un triángulo amoroso en un círculo vicioso

En las últimas décadas, se ha escuchado un famoso Triángulo Norte entre Guatemala, Honduras y El Salvador. Se ha hablado que es una vía de desarrollo, una esperanza ante la delincuencia, una oportunidad de la unión de la antigua República Federal de Centroamérica y un bloqueo ante el creciente flujo migratorio que ha dado muchas desgracias sociales y económicas a este pequeño pulgarcito.

Pero, hay que preguntarse si entre este triángulo amoroso, se pueden abandonar el círculo vicioso de los salvadoreños de buscar un sueño rodeado de leyendas, pero con muchas penas ante la realidad que viven los diferentes latinos en el extranjero.

Desde las fechas de la independencia, quedó latente en los corazones y constituciones de los países centroamericanos un hermoso principio de integración que nos recuerda todo lo bueno que tenemos en común y que nos permite hacer más fuerte las relaciones en diferentes temas sociales, y económicos. Pero, este Triángulo Norte se transformó en realidad cuando países como EEUU, México y Colombia vieron una buena apuesta en la región, pero era más atractivo un trío comercial, que un solo sin banda.

A partir de esto, se generaron muy buenos tratados y la cooperación internacional llegó con altas expectativas de apoyar a los países en varias de sus dolencias. Y, otros observaron una valiosa oportunidad para disminuir un grave problema que les aquejaba: la migración a EEUU.

¿De verdad es el Triángulo Norte el fruto de ese ideal de integración de antaño o solo es producto de la ambición de cooperación de la región?

Todos entendemos que entre los tres mosqueteros tenemos nuestras diferencias, pero pareciera que estas desaparecen mágicamente cuando se observa un futuro cheque estadounidense para combatir la delincuencia, las estructuras de narcotráfico, fortalecer las instituciones y mejorar las condiciones de pobreza de estos nobles hermanos.

Pero, existe una realidad frente a esta ilustre iniciativa: frenar la migración a EEUU de principio a fin. Se ha expresado el silencio sepulcral del Triángulo Norte frente a las nuevas políticas migratorias del gobierno estadounidense, y no es culpa de alguien este problema, porque no se puede ir contra algo que es intrínseco a la iniciativa.

Sin embargo, dado que entendemos no se puede trabajar mucho desde ese amor, ¿al salvadoreño le conviene seguir con un vicio de migrante que le causa mucho dolor a él y quienes le rodean? El sueño de bienestar económico se mantiene, así mismo como el martirio que deben pasar los hermanos lejanos durante y después de tan sacrificado viaje.

La muerte latente en el viaje de camino, discriminación social del latino, el desvelo constante por el miedo, turnos extra por varios dólares, desgaste familiar, entre otros, son aspectos que hacen cuestionarse si vale la pena todo el sufrimiento. Pero, es claro que nuestros gobiernos no hacen mucho para poder vivir dignamente. Algunos dicen que las personas migran por la búsqueda de bienestar que se transforma en lujos, pero esta miopía solo deja en claro la falta de

Es difícil no decirle al ciudadano “quédate y sufre con nosotros”, porque un estómago vacío genera adicción por la búsqueda de bienestar, a pesar de que nuestro corazón late por amor a nuestra Patria. ¿Qué es mejor un cuchillo cercano o una pena lejana? Pareciera que este triángulo amoroso no nos da soluciones a nuestros problemas, cuando nuestro deseo de escapar de esta tierra aumenta.

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