Opinión

25 Abr 2016
Opinión | Por: Gerardo Schönenberg Ávila

El Salvador

La mayoría de salvadoreños pensamos que nuestro país está “patas arriba” o que va como el cangrejo, para atrás. Es cierto, vivimos en una realidad delincuencial terrible, no hay oportunidades de empleo ni para jóvenes ni para personas con “experiencia”, y últimamente se ha decretado estado de emergencia por la escases del vital líquido (agua).

La mayoría tiene ganas de emigrar al paraíso americano, que no tiene nada de paraíso, o a México. Hemos perdido la fe en Dios, en El Salvador como país, y lo más importante, nos hemos olvidado que somos el único país que tenemos la dicha de llamarnos igual que nuestro querido salvador del mundo y por tanto tenemos la obligación de confiar plenamente en él.

Es cierto que El Salvador no pasa por un excelente momento con la selecta mayor de fúutbol pero creo que la unión como salvadoreños y nuestra oración pueden cambiar la realidad nacional. Como dice el papa Francisco “no tengamos miedo, no estamos solos, nuestro Salvador está con nosotros”, lo que nos falta es hablarle con confianza, fe y con el corazón de hijo a padre.

No hay oportunidades de inserción laboral para jóvenes, ni para nadie. ¿Quién nace con experiencia? La experiencia se va haciendo en el camino pero si nadie nos da la oportunidad de trabajar de forma remunerada y ganar experiencia, ¿cómo vamos a ganar experiencia sin oportunidades?

Para hacer que los jóvenes no entren en grupos criminales o de otro tipo, debemos primero proteger la familia como la base de la sociedad. Segundo, debemos promover y exigir la inserción de la juventud en la sociedad, la iglesia, la escuela, y en diferentes deportes, ya que muchas veces nos olvidamos de la juventud. Y como dicen, ¿quién no pasa por ser joven en la vida? Tercero, promover la inserción laboral de todos los Salvadoreños activos económicamente, no solo de la juventud, y cuarto, creer en la juventud.

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Últimamente he sabido que organismos internacionales están presionando para que nuestro país lastimosamente legalice el aborto y los matrimonios del mismo sexo. Yo me hago una pregunta ¿no nos basta con ver los 50 muertos diarios que por la violencia hay en nuestro país, queremos hacer y ver más muertes de víctimas inocentes como son los niños ya concebidos en el vientre de la madre? ¿Queremos dañar para toda la vida a las madres por medio del aborto? El aborto es el peor crimen, hecho, y pecado que existe en el mundo. Trae consecuencias para los padres que abortan, la familia, y por supuesto la sociedad. No estoy en contra de los homosexuales pero considero y defiendo que el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer así nacidos para formar una familia y ser la base de la sociedad en El Salvador y el mundo. La adopción debería de hacerla un papá, una mamá o una familia con excelentes valores y criterios para educar al niño/a y para servir a la sociedad en el futuro. Hay que recordar que la juventud y la niñez salvadoreña son el presente y el futuro de nuestro querido pulgarcito de América.

Promovamos y respetemos el derecho a la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural, a la familia como la base de la sociedad y el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer así nacidos. No dejemos que organismos internacionales nos obliguen a cambiar nuestros valores, principios, y todo lo que forma parte de nuestra identidad Salvadoreña.

Oremos al Salvador del Mundo para que así como él se transfiguro en el monte Tabor o mejor conocido como Monte de la Transfiguración, que nos transfigure a todo El Salvador para que haya paz, amor, unidad y sobre todo trabajo en equipo. ¡No estamos solos, Dios está con nosotros siempre hasta en los momentos mas difíciles!

Deseo terminar este articulo con las siguientes frases que nos cae bien en este momento que estamos pasando todos los salvadoreños: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos, Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra, Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados, Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados, Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia, Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios, Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios, Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos, Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa, Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en los cielos.”(Mt 5,3-12), “No veo la miseria que hay, sino la belleza que aún queda”. Ana Frank.

 

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