Opinión

16 May 2017
Opinión | Por: Mateo Villaherrera

El precio de la polarización política

En materia política, la polarización es un proceso por el cual la opinión pública se divide en dos extremos opuestos. Se puede entender también como un mecanismo antagónico en el que se manifiesta, en las acciones, la contrariedad, rivalidad y oposición; específicamente en asuntos relacionados a las doctrinas y opiniones. Nuestra sociedad adolece de polarización todo el tiempo a causa de la diferenciación ideológica, política y económica que siempre ha marcado la agenda nacional. La polarización es normal en todo sistema democrático, pero su aplicación desmedida tiene un precio irreversible.

Es tan cierto que cada quien quiere hacer las cosas a su manera, pero esto no significa que podemos andar por la vida queriendo cumplir nuestros caprichos al pie de la letra, como si satisfacerlos fuera lo más importante. En infinidad de ocasiones vamos a descubrir que es necesario trabajar en equipo y en armonía con otros grupos plurales para resolver nuestros problemas. La mejor alternativa frente a las discrepancias es la construcción de consensos, a través del diálogo.

El Salvador es la tierra donde las elites políticas y el servilismo anteponen cualquier interés colectivo por uno partidario. La doctrina que se enseña es obedecer, hacer, y no justificar nada ante nadie. Se pierde tanto esfuerzo y trabajo en la toma de decisiones polarizadas, que nos aleja más de las soluciones y agudizan más los problemas. Analicemos en particular el trabajo de la Sala de lo Constitucional, la Asamblea Legislativa, el Ministerio Público y el Ejecutivo.

Las consecuencias de la polarización tienen efectos colaterales para la gobernabilidad del país y por consiguiente para la calidad de vida de sus habitantes. Entre las consecuencias más pronunciadas se encuentra la imposibilidad de definir políticas públicas requeridas por el Estado, que se consoliden como una agenda de país y no de partido, que prevalezca el interés social por encima de cualquier postura partidaria, es decir, que no importando que partido gobierne, se continúen impulsando y fortaleciendo las políticas en materia de seguridad, salud, educación y la deuda pública.

La polarización dificulta la gobernabilidad, deteriora la institucionalidad y en última instancia, afecta la legitimidad de nuestro sistema político que se deteriora continuamente; ocasionando una menor credibilidad de la sociedad hacia el mismo. Es recomendable que se fortalezcan las relaciones entre los tres órganos del Estado, en mira de avanzar hacia una verdadera institucionalidad, entendiéndose como el conjunto de normas legales e institucionales que deben ser cumplidas por las instituciones públicas y privadas en el marco de un Estado de Derecho.

El objetivo principal del país, y de todos los sectores, debe ser el logro de un desarrollo económico, social e institucional permanente, promoviendo además un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y la economía. No más exclusión, segregación y desigualdad. Ya no podemos soportar más injusticia, guerra y dolor. ¿Por qué querer tener la razón cuando se puede tener mejor la satisfacción de hacer lo correcto para el beneficio de todos?

Los Acuerdos de Paz lograron el final del conflicto armado, pero no la reconciliación social que tanto anhelaba nuestro sufrido pueblo. Se agudizó la coyuntura entre las fuerzas políticas desde entonces, y hoy día tenemos a una sociedad fragmentada y desleal a los principios patrióticos. El egoísmo, la indiferencia y el rencor siguen siendo parte del circo social. Cada quien se acobija en sus falsas doctrinas políticas, autodenominándose de derecha o izquierda. Es primordial para nuestra gente entender que no somos ni de aquí ni de allá, somos uno solo, somos salvadoreños. El mayor extremo al que debemos pertenecer, es hacia la consecutiva edificación de la convergencia nacional.

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