Opinión

27 May 2014
Opinión | Por: Jaime Ayala

El periodista y el presidente

El 31 de mayo se acaban cinco años de un gobierno que merece evaluación, tanto por sus éxitos como por sus fracasos.

Hace cinco años, El Salvador atestiguó un momento histórico en su corta y golpeada caminata hacia la democracia. Un periodista, no muy alto, pero que contaba con una voz que se hacía escuchar, proclamó su victoria con ambos brazos en alto en la sede de un hotel capitalino. Aquellas imágenes pasaron a la historia salvadoreña tras haberse registrado el primer triunfo presidencial para un partido de izquierda. Junto con Salvador Sánchez Cerén, Mauricio Funes le daba el triunfo al Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), luego de 20 años fallidos.

El ahora presidente de la República recibió a un país a la expectativa por los cambios de los cuales el partido de izquierda había alardeado durante la campaña electoral. Rápidamente, los salvadoreños nos dimos cuenta de que un solo hombre y un solo partido político son incapaces de cambiar el rumbo total de una nación. Probablemente la decepción del pasado gobierno no haya sido producto de una supuesta incapacidad para gobernar, sino de la enorme caída que supuso el crear una experiencia tan grande de esperanza en la campaña electoral y no haber logrado realizar todos los cambios prometidos.

Así lo reconoce la misma administración Funes en su auto evaluación de cuatro años de gestión gubernamental. “Al final se concluyó que el principal legado que el gobierno del presidente Funes podría dejarle al país no era la transformación de la sociedad, sino otro más modesto, pero fundamental en términos históricos: impulsar un proceso de cambios estructurales e institucionales que permitiera modificar por primera vez en la historia del país, la forma de ejercer el poder…”.

El constante comportamiento del presidente, culpando a otros gobiernos por los fracasos obtenidos, quizás a muchos les recuerde la famosa fábula de Esopo sobre el zorro y las uvas, donde el personaje mamífero desprecia la fruta tras ver su éxito inalcanzable. Es fácil relacionarlo así, pero también es válido escuchar a aquellos que defienden la idea de un nuevo proceso estructural que pudo haber iniciado en 2009.

Debates electorales partidarios hay para todos los gustos, pero si algo es cierto es que el país sí cambió, tanto en aspectos positivos como negativos. La administración Funes podrá ser recordada, en parte, por su atención al ámbito social, especialmente con las mujeres; por las reformas fiscales que aumentaron los ingresos tributarios, el impulso en temas logísticos a nivel centroamericano, por sus programas educativos y sociales, la apertura de espacios de transparencia, por las mejoras en el apoyo al agricultor, por persecución de la corrupción, mejoras de la infraestructura vial, entre otros.

Sin embargo, y lastimosamente, también será recordado por abusos a la institucionalidad, falta de visión en el tema de pensiones, incapacidad para manejo de la deuda pública, falta de aspectos técnicos de evaluación en sus programas sociales, falta de claridad en negociaciones y un severo incumplimiento a la filosofía de muchos grandes líderes de izquierda que han pasado por las filas del FMLN. Si bien es cierto que muchos de los problemas que enfrentamos ahora son culpa de los gobiernos anteriores, esto no debería haber sido impedimento para que el actual gobierno hubiera realizado cambios fundamentales en la economía de nuestro país.

Mientras el partido de izquierda fungió como oposición por 20 años, existieron muchas temáticas como impuestos y reformas que fueron cuestionadas por ellos, pero que aún continúan vigentes. El gobierno de Mauricio Funes nunca dejará de ser cuestionado, pero quizá no lo será tanto como lo pudo haber sido el de su contendiente en 2009, Rodrigo Ávila. De haber sido electo este último, queda en duda si muchos de los casos de corrupción aún seguirían en la oscuridad. Tal vez no tuviéramos lo mismos espacios de participación y me atrevo a decir que tendríamos una sociedad civil demasiado pasiva, complaciente y adormecida.

La sociedad civil también debe auto analizarse, sobre todo los jóvenes, pues hemos cometido muchos errores. Debe evaluar sus perspectivas y futuras decisiones. El 31 de mayo se acaban cinco años de un gobierno que merece evaluación, tanto por sus éxitos como por sus fracasos. Pero celebrar con una camiseta negra que un individuo se va de Casa Presidencial significa profundizar el debate polarizado en que vivimos. Actuemos para ser mejores, no ridículos.

  • Fernando José Roca

    Felicito a Jaime Ayala, buen artículo, sin pasionismo, muy objetivo, muy equilibrado. jaime, lastimosamente todavía hay muchas personas que se aprovechan de la ciudadanía y promueven la violencia e idiotez verbal.-

    • Jaime Ayala

      Gracias, Fernando, por leer y comentar.

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