Opinión

1 Ene 2015
Opinión | Por: Gumercindo Ventura

El papel (y la campaña) aguanta con todo

Pongámonos a reflexionar sobre los candidatos: qué nos dicen y qué nos ofrecen. Analicemos si su discurso está alineado con su ideología o si simplemente es un mercenario político buscando el poder.

Aprovechemos estos días. Estas fechas son para disfrutar en familia y para reflexionar lo que hemos hecho en el año, además de plantearnos metas para el próximo. Sin embargo, este período también servirá de descanso político antes de que se nos venga una tormenta de campañas en vista a las próximas elecciones de alcaldes y diputados.

En El Salvador ya casi que estamos acostumbrados a que los partidos políticos (y de esto ninguno se salva), se adelanten con campañas meses antes de que sea permitido por la ley. Aspectos técnicos tan pequeños como “si no se llama al voto no es campaña” rayan en lo ridículo y ofenden la inteligencia del electorado. (Con vos es la cosa, Mauricio).

Los mensajes navideños dignos de una familia real y los abrazos en mercados emulando a Madre Teresa solo duran unos meses. Una vez en el poder no los volvemos a ver. Y en todo este tiempo los candidatos aprovechan para llenarse la boca con promesas que ni saben si pueden cumplir.

Claro ejemplo de ello es el famoso plan “Un niño, una computadora”. La cúpula del FMLN sabía claramente la situación de liquidez del gobierno central. Aun así, tuvieron el descaro de prometerle a la gente en la campaña presidencial algo que sabían no se iba a materializar. Más de alguno se fue en chuco regalando su voto para esa mentira. Parece que las estrategias políticas son concebidas en una agencia de publicidad y no por un grupo de expertos en políticas públicas. Bien vamos.

Hemos llegado a tal punto que la ideología está más pacha que Quebrada Seca. No podemos distinguir si un discurso es de derechas o izquierdas porque terminan prometiendo lo mismo: regalar y regalar. Algo hay que tener claro: el gobierno no regala nada. El Estado hace uso de su monopolio de fuerza para quitarle recursos a quien ha producido (por medio de impuestos) para dárselos a alguien más. Adrián Rogers lo dice de una forma muy fácil de entender:

“Todo lo que una persona recibe sin haber trabajado para obtenerlo, otra persona deberá haber trabajado para ello, pero sin recibirlo. El gobierno no puede entregar nada a alguien, si antes no se lo ha quitado a alguna otra persona. Cuando la mitad de las personas llegan a la conclusión de que ellas no tienen que trabajar porque la otra mitad está obligada a hacerse cargo de ellas, y cuando ésta otra mitad se convence de que no vale la pena trabajar porque alguien les quitará lo que han logrado con su esfuerzo, eso, mi querido amigo, es el fin de cualquier nación. No se puede multiplicar la riqueza dividiéndola”.

Así que la próxima vez que un político le venga a saludar con sombrero ajeno sobre las cosas que le va a regalar, póngase a pensar que eso no sería posible si usted y sus pares no fueran extorsionados por el Estado.

En este parón de unos días pongámonos a reflexionar sobre los candidatos, qué nos dicen y qué nos ofrecen. Analicemos si su discurso está alineado con su ideología, o si simplemente es un mercenario político buscando el poder. Es más fácil prometer algo bonito que ser realista. Depende de nosotros si desperdiciamos nuestro voto o no.

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