Opinión

28 Ene 2018
Opinión | Por: Mario Hernández Villatoro

El País que viene

“Amemos a nuestro país, a nuestra gente, seamos inclusivos, trabajemos incansablemente por lograr nuestros objetivos personales y colectivos, y nunca dejemos de soñar”.

Repito por incontable ocasión: una casualidad se convirtió en un atractivo, luego en una acción. Ese libro que encontré en el supermercado lo compré por curiosidad, como pocos libros (los que suelo comprar ya vienen con referencia previa).

Continuando con la curiosidad, una tarde me dispuse a revisar los prólogos y a leer muchos artículos. Me llamaron la atención, me gustaron y me sentí identificado por varios factores: 1- es un libro de autores jóvenes salvadoreños; 2- muchos de ellos tienen ideologías políticas contrarias; 3- son jóvenes que quieren generar un cambio en su comunidad, en su país. Encontré las cuentas de redes sociales del proyecto y lo conocí un poco más, leí la mayoría de las columnas que publicaban los autores en un matutino y me inspiraba saber que a pesar de tantos problemas sociales; había jóvenes dispuestos a marcar diferencia.

Los problemas, dificultades y barreras me han ayudado a impulsarme, y querer seguir  haciendo algo por mi sociedad, al igual que aquellos jóvenes. Me agradó el proyecto, pero no le di seguimiento; solo de reojo veía las publicaciones que casualmente me aparecían en las noticias de mis redes sociales.

No tuve la oportunidad de leer la segunda edición de ese libro en su momento de apogeo, sino hasta hace unos días que me regalaron un ejemplar. Son historias de jóvenes salvadoreños que por diversas razones (los motivos mayoritarios fueron la pobreza y violencia) emigraron junto con sus familiares hacia otros países y algunos son nacidos en el extranjero, pero de padres salvadoreños. A pesar de residir la mayor parte de sus vidas en otras naciones, decidieron ser salvadoreños, quisieron sentirse e identificarse como guanacos. Estos jóvenes comentan sus historias acerca de lo que se siente ser migrante y sus ejemplares logros obtenidos en el exterior.

Salió la convocatoria del tercer libro, quise postularme, pero tenía otras cosas que hacer -y como buen salvadoreño-, lo dejé para después, pues no importaba porque faltaban como dos meses de plazo. Lo olvidé y una publicación de su red social me recordó que faltaban tres días. Mañana lo hago. Y así transcurrieron dos días y medio. El plazo cerraba a las 12:00, lo envié a las 12:01. Y aquí estoy, compartiendo con jóvenes talentosos, proactivos, comprometidos con su país y deseosos de heredar una sociedad desarrollada.

“El País que viene” no es un simple libro. Es un proyecto encaminado a reunir una pluralidad de ideas, pensamientos e ideologías, y demostrar que a pesar de tanta divergencia, podemos ponernos de acuerdo, lograr consensos, conjuntar propuestas y formar una cadena de eslabones que construyan el país que queremos para nosotros. La sociedad que deseamos para nuestros descendientes y esa nación que dé el salto de calidad a un primer mundo.

Gracias a los autores del primer libro que mostraron su talento y nos contagiaron de deseos por luchar siempre. Gracias a los autores del segundo libro por sobresalir en cualquier rincón del mundo y poner el nombre de El Salvador en lo más alto. Gracias a mis amigos coautores del tercer libro por convencerme cada día que podemos formar un gran equipo y trabajar desde nuestras trincheras para colocar peldaños que permitan alcanzar estadísticas altas en desarrollo social. Gracias al cerebro de este proyecto, Diego Echegoyen, por ser un soñador, por transmitir positivismo, por creer en la juventud de su país.

El próximo 30 de enero no es un día normal, será un día crucial para el presente y futuro de nuestro país. Coincidirán funcionarios, miembros del cuerpo diplomático, actores políticos, emprendedores, artistas, activistas sociales y líderes en distintas profesiones, con el fin de presenciar el lanzamiento de la tercera edición de tan inusitado proyecto y transmitir un grandioso mensaje: amemos a nuestro país, a nuestra gente, seamos inclusivos, trabajemos incansablemente por lograr nuestros objetivos personales y colectivos, y nunca dejemos de soñar.

PD: La anterior expresión “como buen salvadoreño” es un paradigma que debemos cambiar. No dejemos todo para última hora. 🙂

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