Opinión

22 Dic 2017
Opinión | Por: Juan Carlos Menjívar

El orgullo de ser salvadoreño

Patriotismo es creer que tu país es superior a todos los demás porque tú naciste allí.  

-George Bernard Shaw

 Diciembre es el mes de los reencuentros los hermanos lejanos vuelven, las familias se completan y las mesas siempre están llenas de alegrías, y sorpresas.  No importa de donde venga o hacia donde vayan, El Salvador siempre tiene los brazos abiertos para sus hermanos. Y es que todo es alegría, para el que pudiendo nacer de nuevo, escogiera ser salvadoreño. ¿Qué puedo decir? Los reencuentros siempre me causan sentimiento.

El sentimiento de amor a la patria es particularmente fuerte en todo ser humano, sin importar el país. No importa lo mal que podamos estar, siempre hablaremos con orgullo de nuestras tierras. Esta característica propia de nosotros es aun más marcada en aquellos países, donde la migración es más fuerte, donde la regla general es que, en toda familia existan miembros en otros países. Y espera con anhelo, el día que podamos verlos de nuevo.

Según el censo del Ministerio de Relaciones Exteriores para el año 2010, ya se podían contar más de dos millones de salvadoreños en Estados Unidos, el sueño americano calo fuerte en El Salvador. Y esos dos millones no han podido comer una buena pupusa desde que se fueron, nadie puede culparlos por querer volver. 

Los aviones van y vienen; algunos van con cuajada, pollo frito y sueños; otros vienen con regalos, sonrisas o cadenas. No importa en que tipo de avión vuelvas, mientras tengas a alguien que te espera. Porque será este el que te abrace, luego que sientas la calidez de tu tierra. No dudes que tu regreso significa una fiesta; no todos los días se ve, al que partió obligado para mejorar su presente.

¿Quién necesita el gran cañón, si tenemos la Puerta del Diablo? La marca país es un noble intento de enaltecer lo nuestro, consumir lo propio antes que lo extranjero. Y es que, ¿Quién puede amar más lo nuestro, que nosotros? El Salvador se deja querer cuando se lo propone, cuando su población se convence de eso y vende su mejor cara y eso, actualmente, solo es posible cuando hablamos de nuestros hermanos lejanos.

Quiero sentirme orgulloso de decir que soy salvadoreño, extrañar a mi tierra no solo por una obligación geográfica, sino por ver de nuevo a mi gente. El patriotismo se manifiesta permitiendo que los demás sean consientes que ser salvadoreño per se significa valores, valores  arraigados en nuestra imagen.

Este no es un tema amplio, ni remotamente profundo, solo es un pequeño recordatorio de aquello que nos vuelve salvadoreño, muchas veces sin ni siquiera darnos cuenta. Nuestro particular acento, nos permite burlarnos del cantado de los guatemaltecos, nuestro TSE parece de primer mundo comparado con el hondureño y nuestra pobreza palidece comparada con la de Nicaragua. El patriotismo puedo hacernos pensar que no estamos tan mal, podríamos estar peor es un dicho común. Y es cierto, podríamos estarlo, pero no quiero ni imaginarlo. Difícilmente soportamos nuestra propia realidad.

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