Opinión

28 Nov 2018
Opinión | Por: Verónica Ruiz

El Mensajero que llegó primero

En octubre de 2017, el telescopio Pan-STARRS ubicado en Hawaii y dedicado específicamente a localizar pequeños cuerpos celestes próximos a la Tierra, detectó lo que parecía ser un nuevo cometa rondando entre las órbitas de Marte y la Tierra. Sin embargo, al continuar las observaciones, el cuerpo no mostró actividad; es decir, no desarrolló la “cola” algo que caracteriza a los cometas. Así que fue reclasificado como asteroide y bautizado como Oumuamua, que significa “el mensajero que llegó primero” en hawaiano.

Oumuamua tiene la mayor excentricidad de cualquier objeto observado hasta ahora en el Sistema Solar, además los científicos calcularon que la trayectoria original del asteroide venía aproximadamente de la dirección de una estrella vecina, Vega, a tan sólo 25 años luz. Al momento de ser detectado, Oumuamua se movía a unos 100,000km/h, esta cifra se triplicó cuando alcanzó la mayor cercanía al Sol (perihelio). Además de ese enorme aumento en su velocidad, también sufrió un cambio en su órbita de casi 300 grados, lo que cambió radicalmente su dirección de salida de nuestro Sistema Solar. Aprovechar “halones” gravitatorios” es algo común cuando el ser humano manda sondas al espacio, a esa maniobra se le conoce como “asistencia gravitatoria” y es utilizada para ajustar el rumbo de las sondas hacia sus objetivos.

Al analizar las variaciones en el brillo, Oumuamua aún guardaba otra sorpresa, su forma no era  ni un esferoide, ni irregular, sino más bien, una forma alargada, como un cigarro, girando alrededor de su eje transversal, como un disco y al mismo tiempo rotando de forma más o menos aleatoria (no lo hace alrededor de uno de sus ejes principales). Este movimiento puede haber sido causado por una colisión con algún otro objeto hace varios cientos de miles de años. Nunca se había detectado un objeto con una forma semejante. Sobre su composición, los científicos determinaron que para poder haber soportado las fuerzas de marea causadas al pasar tan cerca del Sol, el asteroide debe estar compuesto de roca sólida muy densa en materiales metálicos que ha sido enrojecida por la exposición de millones de años a la radiación cósmica.

Pero, como la ciencia debe considerar diferentes puntos de vista (que por supuesto deben ser sometidos a prueba), la semana pasada Shmuel Bialy y Abraham Loeb, ambos investigadores del Centro de Astrofísica Harvard Smithsonian en Cambridge EEUU, plantearon que puede que este curioso objeto pueda ser una sonda abandonada por alguna población alienígena de fuera de nuestro Sistema Solar. O, a lo mejor, sea una nave que aun funciona enviada intencionalmente a las cercanías de la Tierra. Estas ideas han andado rebotando en los encabezados de los artículos de ciencia en diferentes medios, sin embargo, otros cientos de expertos consultados afirman que la idea de Bialy y Loeb no tiene fundamentos, es más bien, una respuesta desesperada para explicar algunas características particulares del asteroide. Incluso, los autores de la investigación le dedican un par de párrafos al final de su publicación, y se refieren a esta “explicación” como un “escenario exótico”.

Uno de los científicos que ha expresado su opinión al respeto es la astrónoma Michele Bannister, investigadora de la Universidad de la Reina de Belfast en el Reino Unido: “Me sorprende que la prensa trate esta especulación teórica como si fuera una noticia”, lamenta en referencia a la hipótesis de la nave extraterrestre. “Oumuamua es claramente uno de los billones y billones de objetos que son lanzados a través de la galaxia desde todos los sistemas planetarios a medida que se forman y evolucionan”, concluye.

Incluso, el astrónomo Seth Shostak, del Instituto de Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre (SETI), es escéptico. “Las observaciones astronómicas que tenemos son consistentes con que Oumuamua sea un asteroide o un cometa. Tampoco hemos detectado ninguna emisión de radio de este objeto, nada divertido”, resume. Oumuamua estuvo un muy corto tiempo “cerca” de la Tierra, al respecto Shostak opina: “Y, honestamente, si otra sociedad estuviera realmente interesada en nuestro sistema solar, ¿no se organizarían para que su nave de reconocimiento pasara un poco de tiempo en las inmediaciones de la Tierra para realizar mediciones, tomar muestras de nuestros programas de telebasura o algo? ¿O solo pasarían por el Sol para regresar enseguida a los oscuros vacíos interestelares?”.

En cualquier caso, es parte de la ciencia considerar todas las opciones posibles, para luego ahondar en confirmar o descartar estas hipótesis, parafraseando a Arthur C. Clarke, puede que estemos solos en el Universo, puede que no, ambas posibilidades son igualmente fascinantes.

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