Opinión

17 Mar 2015
Opinión | Por: Carlos Segura

El lío de Grecia

Frente a tantas presiones, el gobierno griego parece estas aislado y condenado a cumplir con las condiciones que buscan imponer actores de la Unión Europea y organismos financieros internacionales.

“Estamos determinados a no ser tratados como una colonia de la deuda, cuyo destino es sufrir”. Esas fueron las fuertes palabras del ministro griego de Finanzas, Yanis Varoufakis, frente a la oposición de la Unión Europea y de la mayoría de sus países miembros a las políticas que el nuevo gobierno griego quiere poner en marcha.

Desde que el partido de izquierda “Siryza” accedió al poder en Grecia, la situación ha estado muy movida. Es lo menos que podemos decir. El gobierno griego, encabezado por el Primer Ministro Alexis Tsipras, ha anunciado que desea luchar contra la política de austeridad que había adoptado el gobierno anterior, por solicitud de instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo (BCE).

Con todo el financiamiento que se le dio a Grecia para que saliera de su crisis económica, ahora ese país tiene una enorme deuda que ronda el 180 por ciento de su PIB y existe un plan para que se reembolse toda la deuda, a la imagen de lo que está haciendo Portugal. Con la llegada de Syriza al poder, se ha puesto en duda la obligación de Grecia de cumplir con eso y se ha comenzado a hablar de “renegociar la deuda” en beneficio del pueblo de ese país.

La mayoría de países de la Unión Europea se oponen a una tal renegociación. Alemania es el líder en esa oposición, con Angela Merkel al frente del país. Pero también otros países se oponen a dicha renegociación, como España, Holanda y Portugal. El caso de este último es particular, ya que es un país que pasó por muchos aprietos financieros hace algunos años y se ha plegado a las reglas impuestas por la “Troika” (FMI, BCE y Unión Europea); ha seguido al pie de la letra lo establecido para pagar su deuda. En suma, ha sido un “buen alumno” de las instituciones financieras internacionales.

El gobierno de Portugal ha manifestado que está contundentemente en contra de una cumbre europea para tratar la deuda griega, su renegociación o parcial condonación. El Primer Ministro, Pedro Passos Coelho, manifestó que “no es una perspectiva entusiasmante para los países que consiguieron resolver sus problemas”, al referirse a todas las acciones que ha tomado Portugal en los últimos años para pagar completamente su deuda.

El gobierno griego, por su parte, se ha movido por todos los frentes para tratar de renegociar su deuda y cambiar la política de austeridad. Por ejemplo, el ministro de Finanzas Varoufakis ha estado en París, Berlín y otras capitales europeas para hablar del tema. También se ha reunido con Pierre Moscovici, comisario europeo de Asuntos Económicos, quien ha criticado abiertamente la actitud desafiante del nuevo gobierno griego ante las imposiciones de las instancias financieras europeas e internacionales. Por todas partes, Varoufakis busca negociar y trata, con su fuerte presencia y palabras, de dar una imagen dura de alguien que está determinado a triunfar.

De Lisboa a Berlín y de Helsinki a Roma, Grecia encuentra mayoritariamente puertas cerradas. Desde la llegada de Syriza al poder, los bancos europeos redujeron el financiamiento en Grecia. Las instituciones internacionales presionan para que se siga con la austeridad: reducir los montos de las jubilaciones y los salarios, aumentar el IVA, privatizar aeropuertos, disminuir la influencia de los sindicatos, destinar excedentes del presupuesto público a reembolsar la deuda ante las instituciones financieras… varias medidas que rechaza la mayoría del pueblo griego y su actual gobierno.

Frente a tantas presiones, el gobierno griego parece estar aislado y condenado a cumplir con las condiciones que buscan imponer los actores citados. El mismo Moscovici afirmó que “no existe otra alternativa” para Grecia. Una posición más conciliadora es la del ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Laurent Fabius, quien afirmó que “hay que conciliar el respeto del voto del elector griego y el respeto de los compromisos de Grecia en materia de reformas”. Son palabras conciliadoras, pero ¿cómo podrán aplicarse concretamente? Grecia parece estar en un callejón sin salida. Buena suerte.

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