Opinión

16 Abr 2018
Opinión | Por: Karen Vargas

El gremio del silencio

No es raro escuchar que las mujeres son acosadas en la calle. Creo que ninguna mujer se ha salvado de un comentario inapropiado, una mirada lasciva o palabras con doble sentido.

Se puede decir que las mujeres nunca nos sentiremos cómodas y seguras al andar. 

Sin embargo, el escenario laboral no es muy diferente. Al menos, no lo es para el rubro que me rodea.

“Hablemos de acoso”, puede parecer una invitación un poco chocante al inicio. Lo es, en un país que está acostumbrado a callar y ocultar verdades. Decidí tomar la invitación y asistí a la charla de mujeres periodistas, que esta vez estaban dispuestas a conversar sobre esos temas que en otros lugares nos resultan incómodos, y que difícilmente un día nos dejen de incomodar.

Al llegar, me encontré con mujeres periodistas que identificaron la necesidad que existe dentro del gremio de tener un espacio, donde se pueda hablar libremente del tema. A todas las unía experiencias de acoso similares. Entre los factores comunes de acoso sexual que enfrentan las periodistas de los medios salvadoreños está la naturalización del problema dentro de las redacciones y con las fuentes a quiénes se le solicita información.

Este primer encuentro con la realidad de muchas mujeres que se dedican a la profesión que un día (no tan lejano)  puede ser en la que yo me desempeñe, me llevó a querer saber más. Dalila Arriaza, ha ejercido el periodismo durante 18 años. En el 2017 se convirtió en la tercera mujer que asumió las riendas de  la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES).  Mi conversación con ella se basó en su valoración sobre los resultados finales de un diagnóstico acerca del entorno de trabajo de mujeres comunicadoras y periodistas, sus efectos y causas.

Entre los resultados, el 100% de las participantes manifestaron sufrir expresiones de acoso sexual durante su trabajo de campo y el 96.15% al interior de los medios de comunicación. Entre los principales agresores se encuentran empleados de seguridad, diputados de la Asamblea Legislativa, funcionarios del Ejecutivo e incluso, sus propios colegas y jefes.

“Ya por ser mujer tenemos bastantes problemas de estigmatización, no importa el lugar de trabajo o la especialización. Pero, hay elementos que hacen la situación más compleja para las periodistas”, fue una de las primeras reflexiones de Dalila, mientras nos adentramos más en el tema.

Dentro de todo el diagnóstico, una de las cifras que más me sorprendió fue que el 90. 38% de las mujeres en los medios de comunicación denuncia que hay prácticas de discriminación en las empresas donde laboran. Sin embargo, sólo un caso ha sido oficialmente denunciado e investigado por la Fiscalía General de la República (FGR).

Eso me hizo recordar de nuevo la charla “Hablemos de acoso”, donde las invitadas hablaban de lo difícil que es denunciar los abusos o expresiones de acoso sexual pues, se pone en riesgo la posibilidad de obtener datos, el  futuro de una investigación; es decir, se pone en riesgo el trabajo mismo. Es entendible. ¡Quién quisiera tener problemas con un funcionario público o con su propio jefe!

“Es la invisibilización, la poca consciencia que hay en el mismo gremio. El tema de la violencia cuando se tipifica, tiene esas aristas, una de ellas es que la víctima no acepta que es víctima. Y para estar conscientes de que debe haber un cambio antes debe haber una sensibilización hacia adentro, en este caso es reconocer que dentro del gremio hay problemas críticos sobre este tema”, fue la opinión de Dalila, al preguntarle por qué no se habían realizado investigaciones sobre el tema anteriormente.

Según el estudio, las prácticas más comunes identificada por las periodistas y las comunicadoras sociales en el ejercicio de su trabajo son: las miradas lascivas durante las entrevistas, no mantener una distancia física adecuada, el tocamiento provocativo en partes del cuerpo y expresiones verbales de acoso sexual, como los mal llamados piropos, insinuaciones de doble sentido o sentido explícito.

“Cuando lo empezamos a decir en voz alta, nos damos cuenta que también otras están ahí y han pasado por lo mismo”, expresó la moderadora de la charla. Pienso que esa frase no solo aplica a su realidad por ser periodista, sino que también a la realidad de cualquier mujer, cada vez que intenta romper el silencio.

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