Opinión

6 Nov 2015
Opinión | Por: Rafael Granados

El fiscal que yo quiero

El fiscal que yo quiero debe ser un funcionario que no se preste a juegos sucios que solamente abonan más a la corrupción e impunidad que se vive en nuestro país.

El pasado lunes 19 de octubre, los diputados de la Asamblea Legislativa iniciaron las entrevistas para los 72 aspirantes a ocupar la silla del fiscal general de la República. Actualmente está siendo ocupada por Luis Martínez, quien ha desempeñado el cargo en medio de muchos rumores que ponen en duda la integridad y justicia que él mismo proclama.

La Constitución de la República, en su artículo 193, es muy clara y enfática al declarar que “corresponde al fiscal general defender los intereses del Estado y la sociedad”. De todos los aspirantes que desfilarán por la subcomisión de la Asamblea Legislativa encargada de elegir al nuevo jefe de los fiscales, solamente uno podrá ejercer el cargo a partir de diciembre próximo.

La persona que resulte electa debe entender desde el día de su juramentación que a partir de ese momento adquiere un compromiso con todos los salvadoreños. Un compromiso que no puede canjear con favoritismos políticos o con regalías de empresarios que acostumbran comprar favores de los funcionarios públicos, favores con olor a corrupción e impunidad.

Los salvadoreños estamos cansados de funcionarios que se olvidan de servir al pueblo y lo único que hacen es servirse y valerse de sus puestos para enriquecerse desmedidamente. Todos, al momento de asumir el cargo, dicen estar a favor de la transparencia y se declaran públicamente en contra de todo tipo de corrupción, con el objetivo de ganar simpatía.

Sin embargo, cuando ya están establecidos en sus oficinas, comienzan a hacer de la institucionalidad un negocio. Se dedican a pactar con lo que prometieron combatir y se les olvida que lo que queremos son cambios concretos. Hemos visto en la Asamblea Legislativa a muchos fiscales tomar posesión del cargo, jurando respetar y hacer respetar la Constitución.

El 4 de diciembre del año 2012, de manera unánime, los diputados de aquel momento, en una sesión plenaria extraordinaria, decidieron dar su apoyo al entonces candidato Luis Antonio Martínez, quien se venía desempeñando como  presidente de la Federación de Asociaciones de Abogados de El Salvador, para que fuera electo a ocupar la silla principal del máximo ente encargado de ejercer la justicia en nuestro país.

Ahora, tres años después de haber sido electo y con las intenciones de seguir en el cargo, el fiscal Luis Martínez no da una respuesta clara cuando los medios de comunicación lo cuestionan por el uso que hace de los aviones y helicópteros propiedad del empresario Enrique Rais. ¿A cambio de qué el fiscal usa esos aviones? ¿Qué favores recibe Rais del fiscal?

Por el momento, todo depende de los diputados que integran la subcomisión encargada de elegir al nuevo fiscal. El fiscal que yo quiero debe ser, en primer lugar, una persona sin vínculos partidarios, que responda a las necesidades de la población y que no se dedique solo a obedecer indicaciones de los poderosos de este país.

El fiscal que yo quiero debe ser un funcionario que no se preste a juegos sucios que solamente abonan más a la corrupción e impunidad que se vive en nuestro país. Dios quiera que los diputados, al menos en elegir al fiscal, no se equivoquen. Por que si la Fiscalía está contaminada, ¿qué se espera de las demás instituciones?

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