Opinión

16 Ago 2018
Opinión | Por: Caleb Padilla

El fin del petróleo en El Salvador

Uno de los tesoros más codiciados alrededor del planeta en el último siglo, el petróleo, ha provocado guerras, asesinatos, secuestros, contaminación, explotación laboral, engaños, mafias y muchas otras cosas ligadas al control de este a nivel mundial. La dependencia a este aceite mineral fue creada desde el año de 1847 con la filtración natural de petróleo en una mina de carbón, donde el químico James Young descubrió un proceso para refinarlo y creó la primera refinería de este crudo. Luego, en 1859 el coronel Edwin L. Drake perforó el primer pozo en Estados Unidos y para 1870 John D. Rockefeller fundó Standard Oil con la primer monopolización de un recurso a escala global. En este punto inicia la carrera por crear la necesidad indispensable para la humanidad de este recurso finito y no renovable.

Los años que le siguen se crean motores a base de combustibles fósiles y también derivados de este para crear productos de uso masivo y diario, aprovechando la premisa del consumismo en una nación que era potencia mundial y referente para otro países que exportaba esta cultura. Esto fue permitiendo la expansión de las necesidades creadas, generando una tendencia mundial al crecimiento de la demanda de combustibles fósiles y todos sus derivados como  gasolina, diésel, aceites lubricantes, asfalto, disolventes, plásticos, brea, entre otros.

En esta última década, a nivel mundial, las consecuencias catastróficas del uso masivo de esto ha sido perjudicial para todo el planeta, por lo que debemos tomar medidas radicales para liberarnos de la dependencia y parar su extracción. En nuestro país, siendo un simple importador, pero dependiente casi en su totalidad de todos sus derivados, es una necesidad imperante en todos los hogares de nuestra sociedad poder cambiar una costumbre implantada como obligatoria en las necesidades básicas que como salvadoreños tenemos para movilizarnos, para guardar alimentos, para realizar las compras, para volver más cómoda la vida. Es un camino difícil porque no producimos o aprovechamos otros tipos de energía, no inventamos vehículos alternativos para nuestras necesidades y solo dependemos de lo que se importa a nuestra nación.

El gobierno, todas las esferas de poder, tomadores de decisión y sociedad civil deben iniciar la transición y dejar de financiar el mercado para los combustibles fósiles, entre todos se debe poner un punto final a la dependencia ignorante que se mantiene desde hace muchas décadas y pasar a transformar la infraestructura, las leyes, y el entorno para el aprovechamiento de las energías limpias y renovables. Una sociedad consciente de lo que consume debe ser el objetivo del gobierno, al mismo tiempo que debe impulsar el desarrollo sostenible del país con miras a largo plazo, no simplemente planear cada día, sino planificar estratégicamente a corto, mediano y largo plazo, siguiendo los acuerdos internacionales y la visión como planeta entorno al cambio climático que ya nos afecta y que debemos mitigar.

Una tendencia de incentivos para la transición energética debe ser uno de los objetivos, la capacitación profesional en energías renovables es obligatoria, centros de investigación dedicados al cambio climático y facilidades a empresas que impulsen todo esto debe ser una política pública, y un acuerdo nacional para quienes desean realizar la transición en la industria que ya está en funcionamiento. Es una prioridad mundial hacer esto, no se puede seguir perdiendo el tiempo o querer mantener la dependencia a combustibles fósiles, eso es simplemente un suicidio energético y ambiental.

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