Opinión

4 Sep 2015
Opinión | Por: Mario Hernández Villatoro

El espejo es Guatemala

Al parecer todas las instituciones funcionan de forma ética, incorruptible y transparente en este país, pero lo que hay detrás de cámara es algo parecido a un barril de petróleo: oscuro-negro.

El paraíso del dinero tienta a cualquier funcionario con principios y valores pisoteados. Su felicidad es la fortuna, aunque obtenerla signifique pasar por encima de la dignidad y del pueblo a quien se debe. Hay cuestiones incorpóreas que no se compran, una buena reputación, por ejemplo.

Una estructura con fines delictivos señaló como blanco perfecto las aduanas. Se decantaron por el camino del dinero fácil y sucio e hicieron de las suyas cobrando sobornos a las importaciones para evadir una considerable cantidad de impuestos. Así empezaron los gobernantes a olvidar sus valores y a disfrutar del paraíso temporal y superficial que produce el dinero ajeno, propiedad del pueblo.

Pero, ¿cómo se pudo descubrir tan rápido? Casi cumplían cuatro años en el gobierno cuando repentinamente estalla el incendio que ellos mismos provocaron. Loable, arduo y silencioso trabajo de una institución que por mandato constitucional está obligada a indagar y perseguir el delito en conjunto con un ente internacional que se creó para apoyar en el combate a la criminalidad y corrupción.

Sin embargo, existe un factor que es poderoso para el interés colectivo y letal para doblegar a todo funcionario: el pueblo. Ese que eligió a los mandatarios y ese mismo que actúa para sacarlos del poder y enfrenten las consecuencias de su corrupción, desmanes y burlas. Sin la presión popular posiblemente no hubiese prosperado la investigación de las instituciones. Trabajo complementario, plausible.

A los ciudadanos guatemaltecos les caen por los cuernos las elecciones del 6 de septiembre próximo. Hoy toma plena vigencia el rayado adagio de que “los políticos son corruptos”, “la política es mala”, “para qué voy a votar si todos son ladrones” y otros múltiples “piropos”. La sociedad, actualmente y con justa razón, está interesada en procesar y condenar a los responsables de la defraudación aduanera. El pueblo está volcado en las calles, esperanzado, exigente y hambriento de justicia, obligando a la exvicepresidenta a renunciar a su cargo y ahora está encerrada temporalmente pagando caro sus posibles vínculos con la corrupción.

El expresidente quiso esconderse en su fuero para esquivar las acusaciones en su contra. Empero, estamos en una naciente democracia donde nadie tiene el poder absoluto, y así lo dejó entrever el Congreso de Guatemala al avalar con 132 votos el despojo del fuero del Presidente, quien posteriormente fue obligado a renunciar y ahora sufrirá las consecuencias de embarrarse en el pantano que rodea el dinero sucio, manchado y enfermizo.

Pero esta película apenas comienza y muchos giros bruscos pueden sufrir la investigación y el mismo proceso penal, sobre todo por el cuello blanco que sigue imperando en Guatemala, y la esperanza está depositada en funcionarios valientes que impongan justicia sobre los funcionarios corruptos.

Nada de lo que se ha logrado tendrá satisfacción si pretenden arreglar política y económicamente el proceso criminal, pues no quiero significar que el expresidente, la exvicepresidenta y otros funcionarios de Guatemala han cometido delitos. Por el momento solo existen indicios de la comisión de ilícitos oficiales. Total, ellos son inocentes mientras no se pruebe su culpabilidad.

Regresando a El Salvador, la mayoría de actores políticos se rehúsan a la creación de una CICIES y la Fiscalía General de la República (FGR) no se encuentra suficientemente fortalecida para investigar y perseguir delitos de cuello blanco. Tenemos el caso actual de un expresidente.

Al parecer todas las instituciones funcionan de forma ética, incorruptible y transparente en este país, pero lo que hay detrás de cámara es algo parecido a un barril de petróleo, así de oscuro, así de negro. La corrupción en El Salvador se mantiene en un submarino, como en el túnel por el que escapó el Chapo, o en la cueva donde quedaron atrapados los mineros de Chile. La corrupción se mantiene alejada de la luz.

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