Opinión

12 Jun 2014
Opinión | Por: Herbert Escoto

El discurso de Charlie Chaplin

El mayor deseo es que los discursos como los de Charlie Chaplin no se queden en meras palabras sin que tengan un eco en la vida de las personas.

“Lo siento, yo no quiero ser emperador. Ese no es mi oficio. Yo no quiero mandar ni conquistar a nadie. Quisiera ayudar a todos de ser posible: judíos… gentiles… negros… blancos… Todos nosotros queremos ayudarnos uno al otro. Los seres humanos somos así. Queremos vivir para la felicidad del otro- no para su desgracia.”

El párrafo anterior es un extracto del discurso que Charlie Chaplin, conocido como el gran actor del cine mudo, que interpretó en la película The Great Dictator (1940). Estas palabras representan una condena a las dictaduras fascistas que gobernaban, específicamente en países europeos como Alemania e Italia. La parte inicial de esta alocución es bastante inspiradora. El resto del discurso termina siendo una crítica fuerte a las amenazas contra las libertades de los hombres y mujeres por parte de los dictadores. Pueden ver el discurso debajo de esta publicación.

El eco de la representación de Charlie Chaplin juzga el progreso por progreso, sin enfoque a lo humano. Reclama con vehemencia el mal uso del intelecto y la abundante insensibilidad. “Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos. Nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado y sentimos muy poco”, agrega. Utilizando palabras directas y frías, señala la falta de humanidad, bondad y dulzura.

No falta la pizca emotiva que invita a la no desesperación. Al hablar de la miseria que viven los humanos la distingue como “la pasajera codicia y la amargura de hombres que temen seguir el camino del progreso humano”. El discurso, además, está revestido de cierta hostilidad hacia los dictadores, hacia esos hombres “brutos”, “avaros”, “antinaturales” que lo único que hacen es liberarse a ellos mismos, pero esclavizar a las personas.

En nombre de la democracia, Charlie Chaplin, que en muchas películas actuaba en mudo y en esta película arroja uno de los más poderoso discursos que el cine ha regalado al mundo, pide a los soldados que se unan y luchen por la libertad. Sin duda, cada palabra eriza la piel y convierte cada una de sus ideas en una de las más relevantes para la humanidad. Reconoce la importancia de alzarse contra los dictadores, que prometen la esperanza pero que ejecutan un poder absoluto y transgresor. 

Este fue un discurso que fue dirigido a los gobernantes de los años 40, bajo un contexto conflictivo y paralelo a la Guerra Mundial, pero que a pesar de haber sido realizado hace más de 70 años sigue teniendo vigencia el mensaje. Es imposible no dejarse llevar por la pasión del discurso, sobrevenida por una pequeña envidia al querer que los gobernantes de hoy empapen sus vidas, palabras y actuaciones con toda la filosofía de la ponencia de Chaplin.

A pesar de la impresión que provoca un discurso que estremece la pasión de las masas, es necesario insistir que debe ir seguido de un actuar congruente y una ejecución fiel de las convicciones del gobernante. Sería decepcionante que los pueblos reciban de sus gobernantes un doble discurso con rasgos bipolares, es decir, con un contenido que endulza el oído pero que en la práctica no se refleja. En fin, el mayor deseo es que los discursos como los de Charlie Chaplin no se queden en meras palabras sin que tengan un eco en la vida de las personas.

Vídeo: 

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