Opinión

24 Mar 2015
Opinión | Por: Jaime Ayala

El día que Will Salgado no ganó

No hay duda de que el desastre generado por el TSE generó fallas en el sistema institucional del país pero también representaba una oportunidad.

El día que Will Salgado no ganó terminó la semana pasada. Largo, intenso, polémico y, ya ni se diga, desgastante. Comenzó el primer domingo de marzo, en una mañana donde la tardía apertura de algunos centros de votación pronosticaba uno de los mayores desastres en los últimos 25 años de la vida democrática de El Salvador.

En las últimas horas de aquel primer domingo se vivió ansiedad, confusión y miedo. El asunto no era para menos. Una enorme parte de la población aún recordaba los teatros electorales montados por el poder militar en el siglo pasado, donde el voto apenas representaba una pantomima. El silencio casi sepulcral del Tribunal Supremo Electoral (TSE) le dio la bienvenida a un lunes frío, lleno de angustia y frustración. Culpables por aquí y por allá, la renuncia inmediata de Julio Olivo, magistrado presidente del TSE, ya se exigía por ciertos sectores de la población.

Y como si fuera novela policial, los líderes de cada partido político se veían obligados a abandonar el poco sueño que los mantenía intranquilos. Jorge Velado y Ana Vilma de Escobar se hacían presentes en el Centro Internacional de Ferias y Convenciones, sede del tribunal en estas elecciones. Rodolfo Parker, dirigente del PDC, y Manuel Rodríguez, del PCN, llegaban a pasos apresurados, seguidos por Fito Salume, del partido Democracia Salvadoreña.

En cada municipio se continuaba contando votos. La lucha era a muerte. En San Miguel, el ahora exalcalde Will Salgado, no alcanzaba los votos necesarios para la reelección. El reloj se acercaba a la 1:00 de la madrugada, y en CIFCO, Medardo González, acompañado de Lorena Peña, del FMLN, se abría paso entre los medios de comunicación. A las 2:00 de la mañana, con la llegada de Guillermo Gallegos, de GANA, la fiesta estaba completa.

Cerraron la oficina y los magistrados del TSE comenzaron a dirigir quizás una de las conversaciones más crudas y difíciles en su carrera. No había escrutinio preliminar y tampoco iba a existir en las horas siguientes. El sistema de procesamiento y divulgación de resultados había fracasado. No era broma. El día que Will Salgado no ganó recién empezaba y su ocaso apenas parecía asomarse en la semana siguiente.

Lo que vino después fue un menú de distintas experiencias, partidarias y no partidarias. Acusaciones contra la Sala de lo Constitucional, pobres discursos electorales e incluso protestas civiles, nuevamente politizadas por los partidos políticos, fueron parte de lo sucedido durante las últimas semanas. No hay duda de que el desastre generado por el TSE generó fallas en el sistema institucional del país pero también representaba una oportunidad para que los partidos políticos reforzaran la misma; acuerdo que únicamente les importó mientras el sistema de divulgación de datos no existía. Una vez comenzado el escrutinio final, saltaron de nuevo al campo de batalla.

El día que Will Salgado no ganó nos ha dejado grandes lecciones que quizá debimos haber aprendido ya desde hace mucho. Hasta que no sucedió una catástrofe de este tipo, la despartidización del TSE era poco exigida. Hay que aclarar, sin embargo, que lo ocurrido no se debe a que los magistrados pertenezcan a distintos partidos políticos, sino a la incapacidad de un equipo de trabajo.

Julio Olivo no es el único responsable del fatídico 1 de marzo. Detrás de este líder impuesto existía un equipo que, si bien era dirigido por él, tuvo en sus manos el poder de alertar y detener la telaraña técnica tejida por el tribunal. No queda más que pensar que todo esto fue un error y no un intento de una palabra que muchos dirigentes políticos utilizan con demasiada frecuencia. Mientras todo sea una equivocación e incapacidad, la institucionalidad puede, al menos, respirar profundamente y secarse el sudor de la frente.

Casi 20 días fueron necesarios para que San Miguel conociera, de manera oficial, sus resultados. A los habitantes les corresponde exigir, cuestionar, pero también apoyar a su nuevo alcalde. El día que Will Salgado no gano duró demasiado, pero, sin duda, fue una realidad.

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