Opinión

20 Feb 2015
Opinión | Por: Mario Hernández Villatoro

El debate, elemento clave para fortalecer la democracia

Los debates abiertos son el medio indispensable y vital para confrontar distintas perspectivas y clarificar caminos.

El debate es una interacción, a veces formal y organizada, caracterizada por enfrentar dos o más posiciones. Los debates entre candidatos a un cargo público representan signos de crecimiento democrático, madurez política y síntomas de tolerancia hacia las críticas del contrincante.

Se han celebrado diversas elecciones presidenciales, gobiernos municipales y diputaciones, sin observarse ningún debate entre los contendientes. Los que han existido pasan desapercibidos o, en vez de debate, es una pelea de señalamientos y ataques personales, muchas veces atentando contra el honor y la dignidad del receptor.

La ciudad de San Salvador es la más importante del país, cuya actividad desde la alcaldía no solo es trascendental para sus habitantes -que dicho sea de paso, no se ponen de acuerdo cuántos habitantes tiene-, sino para el doble o triple de personas que transitan a diario o periódicamente en dicha ciudad. Es el reflejo del resto de ciudades del país y es la imagen que se proyecta a nivel internacional, vital para el turismo y la inversión extranjera.

Por ello, a las puertas de una elección municipal y legislativa, ha llamado la atención los debates entre los principales aspirantes a la alcaldía de San Salvador: Nayib Bukele y Edwin Zamora. Es de destacar que estos candidatos han tenido la valentía de enfrentarse verbalmente y de cara a la población exponiendo sus propuestas y refutando las del adversario, aunque en sendas ocasiones se enfrascan en discusiones estériles y en señalamientos personales. Ambos tienen proyectos ambiciosos y varias ideas en común. También tienen sus áreas que dominan y sus puntos débiles, de tal manera que es difícil definir con precisión y claridad el ganador de los debates; y no ocultando la triste realidad de que los fanáticos siempre van a indicar como sobresaliente al candidato del partido político de su preferencia.

Aclaro que el objetivo de un debate no es definir a un ganador (aunque nuestra cultura permite examinar dicha circunstancia). La finalidad del debate es que los votantes y demás interesados conozcan a profundidad las propuestas de los candidatos expuestas por ellos mismos, no por un pliego de hojas o por un preparado y muy ensayado spot publicitario. Se logra sopesar los planteamientos para que el electorado se cree su propia conclusión, decida por propuestas y el alcance que tienen para hacerlas realidad, y no por la propaganda planeada por expertos que obligan a inclinar la balanza a favor del que realiza mejor publicidad. Es evidente también que el resultado de un debate casi no influye en la decisión de un elector, menos de los que son “voto duro”, pero sí de los indecisos, de esos hay muchos.

Con esto tampoco quiero expresar que el que se desenvuelve bien ante las cámaras será mejor funcionario, pues muchas veces la publicidad es engañosa y brindar un excelente discurso y realizar la mejor campaña electoral no es sinónimo de tener garantizada una aceptable gestión. En otras palabras, no hay que ser ingenuos ante las persuasibles frases de un postulante. Del show de los micrófonos y flashes, a trabajar para corregir la difícil situación económica y social del país hay un gran trecho. Sin embargo, es una herramienta importante para concretizar las ideas y estrategias que tiene un candidato, y posteriormente exigirle que afronte los problemas que aquejan a su localidad o al país.

El profesor Alberto Benegas afirma que los debates abiertos son el medio indispensable y vital para confrontar distintas perspectivas y clarificar caminos. En cada campaña electoral se exigirá debate, y a los votantes se les creará opciones reales que permitirán forjar argumentos de peso para otorgar el voto a un postulante.

PD: No hay que confundir debate con show humorístico y denigrante, como lo ha hecho en cada campaña electoral el alcalde de San Miguel.

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