Opinión

24 Nov 2017
Opinión | Por: Juan Carlos Menjívar

El consumismo festivo

“El consumismo tiene una fuerte raíz en la publicidad masiva y en la oferta bombardeante que nos crea falsas necesidades”. -Enrique Rojas

 

Dudo mucho que alguien sea ajeno a la comercialización que afecta a las festividades, pero no es un elemento que asfixia la tradición y lentamente la convierte en un monstruo del capitalismo. Es más acertado verlo como un mal necesario, mi artículo cae en Black Friday y no hay nada más justo que dedicarle esta carta de amor a mi musa de turno.

Noviembre y diciembre son meses mágicos, llenos de alegría, sueños, deudas y uno que otro embargo. Pero, nada de eso importa, al menos no es lo importante, sino que el pequeño sobrino consiga su robot andante. Una, dos, tres tarjetas serán necesarias, pero cómo comparar el dinero, a las sonrisas de la temporada.

Una, dos, tres cartas de embargo serán entregadas; el aguinaldo no cubrió, todas las deudas cobradas. Y es que dentro de estas fechas el roble sonríe de oreja a oreja. Recuerda, la fiesta no es solo tuya, ni siquiera las sonrisas más grandes serán las suyas. El dinero va y viene, y nadie lo detiene, pero su fin siempre el mismo, el bolsillo del mecanismo. De ti depende el funcionamiento, los engranes no giran sin tu movimiento.

Pero, ¿es esto lo importante? ¿Las fiestas se resumen en lo palpable? De sentimiento no puedo hablar, eso es personal de cada lugar, pero estoy seguro de que un nuevo plasma puede ayudar.

¿Acaso está mal gastarse el dinero? ¿Cómo pueden ver a Abraham y no compartir su anhelo? El problema no es el gasto, es hacerlo estando en el fango. Si no tengo, no puedo; comparte este credo y tu familia no se quedará sin sueño.

Si necesitas un plasma, cómpralo; si necesitas un carro, cómpralo; si necesitas regalos, cómpralos; pero el metal no se come, recuérdalo. No vivan las fiestas como si no hubiera mañana, algún día se cumplirá y verás la vida bastante lejana.

Las fiestas están hechas para el reencuentro, las sonrisas y abrazos, son, el epicentro. Las compras son necesarias, necesarias reglamentarias, ya es parte de la tradición, como el polen a la flor. No sientes vergüenza de tu decisión, vive la fiesta a la manera de hoy.

Mantengo y sostengo nuestro derecho a amanecer muertos, porque el dinero lo es todo, incluido el sentimiento. No te creas tan importante, cual profeta en el aquelarre. No niegues lo innegable, porque el pavo no se llena, no importa cuánto le hables. Los regalos brillantes, las luces abundantes, tu cartera te habla, los billetes son asfixiantes.  El dinero quema tal hormiga con lupa en su antena.

Como tú, detesto las largas filas, encima si la señora en centavos paga su ida. Por eso, las compras se hacen temprano y con el presupuesto siempre a la mano. Un pequeño consejo para terminar este cortejo.

 

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