Opinión

15 May 2018
Opinión | Por: Caleb Padilla

El Cerro Tecana, mi segunda casa

Muchas ciudades están rodeadas de cerros y montañas, cordilleras y volcanes, lomas y sierras; los cuales tienen una importancia para el equilibrio ambiental, para la temperatura de la ciudad, la biodiversidad abundante, la atracción y filtración de la lluvia, pero también para el paisajismo. Juegan un papel importante por sus formas imponentes o porque el sol se logra ver detrás de ellas. La mayoría han sido formadas millones de años atrás, muchas historias que contar, y eventos históricos que nadie conoce han sucedido en ellas. Muchas veces son parte de la cultura local, otras veces son idolatradas, pero al final de todo albergan muchísima vida, sea en sus suelos o en la superficie.

Les quiero contar una historia que vivo casi a diario, que nació hace muchos años, cuando un cerro imponente en la ciudad de Santa Ana, con una cruz en su cima me llamó la atención. Lo podía apreciar todos los días en mi ruta hacia el Colegio en el que estudiaba (Escuela Cristiana Oasis). Pocos metros lo separan del casco urbano por lo que su contacto es directo con la ciudad. Por mucho tiempo parecía estar abandonado a su suerte, deforestado o quemado, todos los años sufría lo mismo al iniciar el año, yo llegué a pensar que ese lugar necesitaba que alguien lo protegiera. Era para mí, el jardín de toda una ciudad y me daba tristeza ver cómo lo destruían poco a poco.

Hace casi tres años fundé la ONG Un Pulmón Más, junto a otros amigos, con el propósito de cuidar la naturaleza y los ecosistemas que nos permiten la vida. Al mismo tiempo, buscábamos espacios que generaran oxigeno de manera natural para las ciudades y este era perfecto, pero ni siquiera lo había escalado ni conocía su historia por lo que me di a la tarea de investigar quienes eran los propietarios de las tierras que lo conforman y su historia, ubicar los senderos ya transitados por las personas de la zona, y adentrarme en su ecosistema. Esto fue lo que me fascinó y convenció para protegerlo a diario, se convirtió en parte de mi vida y yo en parte de su biodiversidad; un lugar lleno de diferentes especies de flora y fauna, pero también de personas que viven en una comunidad (Lomas del Tecana 2) a las espaldas de este.

A las pocas caminadas realizadas me di cuenta de que yo pertenecía a ese lugar, el cual se convirtió en mi segunda casa, y la comparto con personas de gran corazón y humildad ejemplar que viven en él, también con diferentes especies de árboles forestales, y frutales, animales como cusucos (armadillos), tacuazines (zarigüeyas), garrobos (iguanas), gatos montes, gavilanes y muchos más. A la fecha, he llegado más de 50 veces a su cima, hemos iniciado los estudios ambientales necesarios para declararlo Área Natural Protegida (ANP) y, al mismo tiempo, potenciar su importancia dentro del corredor biológico Mesoamericano. Hemos iniciado la rotulación de los senderos e inventariar todo lo que vive en él.

Todos deberíamos adoptar montañas completas para protegerlas, restaurar sus ecosistemas es una forma muy efectiva de mitigar el cambio climático, prevenir riesgos y desastres, evitar la extinción de muchas especies, descontaminar el aire de las ciudades, disminuir la temperatura y generar espacios de convivencia o puntos de conexión con la naturaleza. Todo ha sido muy difícil, pero vale la pena, porque esto beneficia al presente y al futuro.

Invito a todos para que conozcan el Cerro Tecana en la ciudad de Santa Ana, los invito a mi segunda casa, esperando también se vuelva la suya. De nosotros depende mantener recursos naturales para las siguientes generaciones.

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