Opinión

26 Jul 2017
Opinión | Por: Verónica Ruiz

El canto de los pericos

Nací y crecí en Santa Tecla, a pocos kilómetros de lo que alguna vez fue la finca del Espino, uno de los recuerdos más claros que tengo de mi niñez era salir al jardín de mi casa, alrededor de las 5pm para ver pasar los pericos. Me encantaba ver esa nube de periquitos y escucharlos mientras iban camino a “su cueva”. Me imaginaba que durante el día salían a trabajar y que cuando iban de regreso a casa, se iban contando todas las aventuras que habían vivido durante la jornada.

Años después comenzó el “avance” del país, comenzó la atracción a la inversión extranjera, a los turistas para que vengan a conocer El Salvador; no importa que seamos uno de los países más peligrosos del mundo, tenemos centros comerciales con tiendas lujosas, a pesar de que el sueldo mínimo son $263 dólares. Tenemos edificios de apartamentos lujosos, a pesar de que el 38%  de la población es pobre, de acuerdo al Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (ICEFI), y de este, 10.5% viven en extrema pobreza… También, comenzó el silencio de los pericos.

Recuerdo además que cuando era pequeña los meses de marzo hasta agosto eran calientes, pero nunca como ahora; en Octubre ya no hacía calor, era el mejor clima del año con vientos refrescantes y cielos despejados, pero, ahora en Octubre aún caen fuertes tormentas y al mediodía sufrimos el calor sofocante, justo en medio del tráfico de la ciudad.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) anunció que el 2016 había sido el año más caliente desde 1880, con un incremento en la temperatura de 1.2 grados. Suena muy poco, pero ese “poco” provoca grandes cambios; especialmente en los polos, donde el deshielo es cada vez más preocupante, al punto que especies como los osos polares se están extinguiendo a pasos agigantados por la reducción de su hábitat; en menos de 10 años su población se ha reducido en un 40%.

Si bien las grandes potencias, China y EEUU, son los principales generadores de gases de efecto invernadero, países como El Salvador no están exentos de culpa. Basta salir a la calle para ser bombardeado por enormes nubes de humo que salen de buses y autos, a pesar de que según la ley estas unidades deberían estar ya fuera de servicio.

Hace poco más de un mes, el empresario, estrella de “reality shows” y recientemente presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que EEUU abandona el Acuerdo de París, alcanzado en 2015 por 193 países. Acuerdo que establece un calendario de reducción de las emisiones para paliar los efectos del cambio climático.

Por su parte, El Salvador si es parte de estos 193 países, ahora solo nos falta respetar y exigir que las leyes para controlar la emisión de gases de efecto invernadero se hagan cumplir. Si sabe que su automóvil contamina en exceso, llévelo a reparar y si no es necesario no lo use. No malgaste energía eléctrica. Recicle. Respete la naturaleza. No corte árboles innecesariamente pero, sobretodo, informémonos, eduquémonos y eduquemos a los demás. Quienes son padres, enséñenles a sus hijos a cuidar el medio ambiente, a respetar nuestro planeta y sus especies.

El cambio climático y la destrucción del ecosistema pueden revertirse, pero va a tomar muchos años. La clave es comenzar lo antes posible. Si lo hacemos, tal vez las futuras generaciones puedan escuchar las historias de los pericos cuando vayan de regreso a su cueva.

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