Opinión

11 Nov 2015
Opinión | Por: Kevin Sánchez

El “buen vivir” a través del mal vivir

Mientras el gobierno se afane en buscar respuestas a nuestros problemas improvisando y elaborando planes muy utópicos para sus recursos y capacidades, seguiremos teniendo más populismo. En lugar de llegar al “buen vivir” seguiremos estancados en el mal vivir eterno.

Desde que Sánchez Cerén asumió la presidencia, hay una frase que he estado escuchando frecuentemente en casi todos sus discursos. Cada sábado, a las 10:00 a.m., esa misma frase la ha estado transformando en un festival; esa frase no es más ni menos que el “El buen vivir”. Muchas personas, cuando la escuchan, lo toman solo como un bonito juego de palabras en su discurso, sin saber qué quiere decir o qué conlleva.

Esa situación me motivó a escribir esta columna por dos motivos: 1) Explicar a otros jóvenes en qué consiste el buen vivir; y 2) mostrar que el gobierno, en lugar de llevarnos a un verdadero “buen vivir”, solo nos sigue teniendo en un mal vivir producto de la improvisación.

Empecemos. Para aclarar este concepto, el “buen vivir” es un principio originario de los gobiernos de izquierda de algunos países sudamericanos; entre sus principales exponentes están Ecuador, Bolivia y Venezuela. El “buen vivir” trata de poner al ser humano y su entorno social como centro de las políticas públicas del Estado, las cuales desde su visión son descuidadas por los gobiernos defensores del libre mercado y el neoliberalismo.

Ahora, habiendo entendido el concepto, veamos cómo se ve reflejado en El Salvador. Los seis años de gobierno del FMLN se han caracterizado por tratar de incluir en su agenda primordial temas de índole cultural, social, de inclusión, de participación ciudadana y reducción de la pobreza; los cuales, según ellos, fueron descuidados por los gobiernos de ARENA. Por eso muchas de sus políticas son enfocadas en programas sociales y de asistencia social; hasta ahí no tengo nada en contra del “buen vivir”.

Pero difiero con el gobierno a la hora de analizar mi segundo punto. Revisemos el plan El Salvador seguro, inspirado en la línea del buen vivir que el Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana y Convivencia (CNSCC) elaboró. El plan contempla cinco ejes de acción y 24 acciones de rápida respuesta para combatir la delincuencia. El gran error en el plan, con lo que difiero totalmente con el gobierno, no es en el enfoque de las políticas a desarrollar, sino en lo poco fundamentadas que están y la forma en la cual quieren financiarlas.

Al leer el plan se puede observar la improvisación y la poca fundamentación de los objetivos, y las cifras mucho más altas de lo que en realidad el gobierno podría cumplir. Hemos sido testigos de cómo en el transcurrir del año se ha llegado a cifras récord de homicidios, en lugar de ver la disminución plasmada en su plan. Además, el gobierno ha olvidado que la delincuencia no se combate solo en algunos municipios sino que tiene que ser una estrategia nacional e integral a largo plazo. La violencia social no se combate solo con una respuesta violenta de parte del Estado sino con más educación para las personas con menos acceso a ella y más empleos dignos para todos.

Pero el peor de los errores que tiene el plan es que su principal mecanismo de financiamiento es a través de impuestos. Un gobierno serio que realmente elabora bien sus políticas sabe que si planea un plan de gran magnitud, su principal fuente de financiación debe provenir de sus arcas y no de impuestos improvisados que afecten la economía de la mayoría de las personas.

En las últimas semanas, el FMLN ha tratado de captar más recursos a través de impuestos, apoyado por GANA su principal aliado en la Asamblea Legislativa. Por ejemplo, tenemos el famoso impuesto del 5 por ciento a las telecomunicaciones, el cual sin duda causará impacto en todos los estratos de la sociedad salvadoreña.

Mientras el gobierno se afane en buscar respuestas a nuestros problemas improvisando y elaborando planes muy utópicos para sus recursos y capacidades, seguiremos teniendo más populismo. En lugar de llegar al “buen vivir” seguiremos estancados en el mal vivir eterno que nos tienen.

 

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