Opinión

7 Jul 2017
Opinión | Por: Mario Matheu

El amor de Romeo El Salvador y Julieta Venezuela

Les quiero contar una historia, un deseo, la fantasía de un pequeño pueblo; donde la locura manda, el corazón cambia y la desdicha habla: Romeo El Salvador y Julieta Venezuela.

El encuentro

Érase una vez un pequeño país de ensueño llamado Romeo El Salvador, a veces conocido como el Romeo y otras como El Salvador. Siempre vivió con muchos madrugones, algunos malentendidos y bastantes problemones rojos y otros tricolores.

Del otro lado del canal, yacía una bella nación con apellido Venezuela y de nombre Julieta, tan llena de vida, tan cálida en su corazón y alegre en su canción.

Ambos desconocidos, solos en el mundo, separados por los conquistadores y locos por algunos en El Norte.

Un momento mágico llegó, nadie supo cómo surgió o de donde nació, solo se sabe que el suelo se movió y el pobre Romeo sufrió una grave lesión. Julieta escuchó a lo lejos y envió varios refuerzos, uno por mar y otros por el cielo “¿Acaso fue amor a primera vista u obsesión frente a la desdicha?” Esa fue la pregunta que invadió ante tanta cortesía. Algo fue seguro, que Venezuela dejó un gran recuerdo en la Comasagua de aquel joven iluso, una comunidad tan bonita, con dos templos, un techo de curandero y una hermosa escuelita. Así comenzó el segundo gran amor de El Salvador.

El cortejo

El tiempo pasó y muchas cosas cautivaron una parte de aquel Romeo tan nostálgico, principalmente, aquel Chavista con corazón de bibliotecario, pero el romance era imposible, ellos tan izquierdos y nosotros tan derechos. Un 11 de abril vimos la luz, un “pequeño golpe” transformó a la Venezuela en una mujer de azul. No pudimos contener la alegría, teníamos que gritarlo al mundo que nos oía: “Apoyaremos la transición de Julieta” dijimos en una reunión con la familia. Todos quedaron atónitos, porque nadie podía entender ese repentino amor fulguroso.

La emoción duró poco, 48 horas fueron suficientes para que la revolución Chavista regresara a su mente. “¿Y si cambios nosotros?” se preguntó El Salvador desilusionado. “¡Esa es la respuesta!” gritó sumamente emocionado, por tanto se pusieron al trabajo. Finalmente cambió un 15 marzo, todo fuera por la unión de una izquierda de antaño y hacer posible aquel sueño tan deseado.

Los regalos vinieron y se quedaron, empresas de color rojo arrasaron, frijoles y arroces “amanecer” se compraron, dinero negro fue lo más valorado. “¡Ay, Julieta de nuestro corazón! Nos das tanto de tu amor, que solo podemos entregarte nuestro voto, discurso y redención” Esas palabras sonaban en el humilde El Salvador.

El noviazgo

La relación era evidente, Julieta y Romeo se mantendrían juntos hasta la muerte. Obviamente, nada era perfecto. Venezuela siempre izquierda, pero El Salvador hacía algunas rabietas. Un 5 de marzo ambos lloraban desconsolados, Chávez había pasado a un mejor plano. “¿Qué harás ahora sin nuestro Hugo amado? Una derecha no quiero en tus manos” Romeo había cambiado y no era posible botar todo el esfuerzo del nuevo joven revolucionario. Julieta tenía una idea, “madurar” era la respuesta. El Salvador confiaba en su querida, siempre que lo cuidara de noche y día. Pero, papá “estados” nunca estuvo de acuerdo en todas esas locuras; sin embargo, siempre ayudaba a su hijo por si las dudas.

Venezuela había cambiado, la locura había incrementado: los parajillos le susurraban con su canto y algunas noches ardía en llanto. Ya no estaba tan gordita y, a veces, perdía la armonía, pero su encanto lo mantenía. El Salvador estaba convencido de lo que sentía, aunque algunos momentos no los compartía.

¡La gran prueba llegó! Todo el mundo rechazaba su estado iluso. En las reuniones decía incoherencias y algunos la vieron cometer decisiones incorrectas. Parecía que todos odiaban a Julieta y solo El Salvador comprendía sus molestias. Ella se sentía acosada – “salirse de la OEA es la mejor hazaña”, dijo la señorita a voz alzada y luego agregó: “solo de mis crisis hablan, sobre todo ese loco secretario que tanto me daña”. “Te apoyaré desde adentro”, dijo Romeo, quien continuó: “aunque mi padre me regañe desde lejos, porque mi Venezuela es el faro que ilumina Latinoamérica”.

Así se desarrolla la tragedia entre los amantes, 16 años suma toda la historia con locuras, dinero y amantes. Pero, algunas preguntas todavía quedan en el aire ¿Alguna mañana terminará ese cariño entre esos locos tan diferentes y tan distantes? Tal vez, la siguiente historia se cuente con “Dante” y “su Beatriz”, con varios infiernos, y tal vez algunos cielos que le permitan ser feliz.

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