Opinión

12 May 2014
Opinión | Por: Jaime Ayala

¿Economista de izquierda o derecha?

No existen economistas de izquierda ni derecha, solo gente que quiere seguir en guerra. 

Por definición básica, la Economía es la ciencia que estudia las decisiones de los individuos en condiciones de escasez. Si ampliamos mucho más el concepto, eventualmente llegaremos a investigar a las instituciones públicas y cómo estas deciden también como individuos. Claro está que este último actuar afecta positiva o negativamente en mayor medida a sus ciudadanos.

Diversos economistas han desfilado por los liderazgos políticos y administrativos de las instituciones gubernamentales, como ministerios, instituciones autónomas y demás. Todos han experimentado (en distinto grado) la actual polarización que amenaza al país constantemente, que no solo divide electoral y políticamente a la población, sino también – y de una manera absurda- en posturas “económicas”. 

Decir que un economista es de izquierda o derecha es un concepto ridículo, inexistente y hasta cierto punto insultante para quienes ejercen con fervor esta ciencia. Como la mayoría de ciencias, la Economía se rige por leyes (la ley de oferta, por ejemplo), las cuales permanecen constantes –al menos en teoría- sin importar la ideología política de quien las aplique.

Es aquí donde vale la pena realizar una distinción enorme. Tomemos un ejemplo claro. Supongamos que el gobierno desea llevar a cabo una privatización, para lo cual pone en marcha la licitación y todo el proceso correspondiente. Probablemente una persona de derecha estaría de acuerdo en llevarla a cabo, pues confía en el actuar privado y apuesta porque el gobierno sea menos burocrático. Por otro lado, una persona de izquierda quizás estaría en contra al decir que eso beneficia a las grandes empresas, que explotan a los trabajadores y que es mejor cuando el gobierno controla ciertos servicios. Pero, ¿y el economista?

La respuesta con la que muchos estudiantes de Economía se pueden sentir identificados es “depende”. Un verdadero y buen economista analizaría la eficiencia o la falta de esta en la decisión de privatizar cualquier servicio. Buscaría mejoras, fallas que buscan ser corregidas y cambios en el sistema de incentivos tras la privatización. Si conviene, que se efectúe la privatización, pero si no, pues que se detenga.

Curiosamente, esto es todo lo contrario a lo que sucede en nuestro pobre y golpeado país. Nuestros diputados y demás líderes políticos (incluyendo economistas) emiten juicios y opiniones políticas-electorales disfrazadas de análisis económicos que buscan desvirtuar el propósito principal de esta ciencia. En parte, lo anterior dificulta al país llevarlo a lo que se conoce como agenda de país, la cual establece retos y objetivos a solucionar en el largo plazo, independientemente del gobierno que se encuentre de turno.

Ahora bien, tampoco se puede ser ingenuo sobre los sistemas económicos que han representado las corrientes políticas más fuertes de la historia. El comunismo (ahora más el socialismo) y el capitalismo comenzaron como ideales políticos, maneras de analizar la realidad de aquel entonces. Dichos pensamientos evolucionaron hasta adaptarse a sistemas económicos que aún buscan abrirse paso alrededor del mundo.

Que uno sea mejor que el otro sea quizás un debate estéril, que podría disfrutarse mucho más  en el campo de la Filosofía. Un economista siempre debería buscar lo que se conoce como eficiencia social, independientemente de si eso se relaciona de alguna manera a algún sistema ideológico político. Por ejemplo: ¿le conviene al país seguirse endeudando? Habrá quienes digan que sí y otros que no. Sus respuestas deberían estar aisladas de su aprobación del actual gobierno o de su ideología política (o partidaria).

Lastimosamente, eso difícilmente sucede en el país. Como sociedad civil, nos hemos concentrado demasiado en ver el rumbo del país de maneras demasiado polarizadas. Es hora de que nos demos cuenta de lo que Al Gore llamaría “una verdad incómoda”, es decir, votar por un partido de derecha no nos hará vivir como Estados Unidos, ni votar por uno de izquierda nos convertirá en Cuba o Venezuela. No existen economistas de izquierda ni derecha, solo gente que quiere seguir en guerra. 

  • Adriana Peralta

    Jaime,

    Difiero con la idea central de tu columna.

    1. Sí existen economistas de tal o cual corriente de pensamiento político, tal vez no personas graduadas como tal, pero se demuestra al ver que cada tipo de pensamiento tiene sus ideas de cómo llevar a cabo la economía de un país. No tiene relación tu aseveración con la guerra civil salvadoreña.

    2. Sí existen las posturas económicas, sino, no existieran las diversas escuelas de pensamiento económico.

    3. La economía, por ser una ciencia social, sí tiene leyes, pero debido a la naturaleza de esta, las leyes económicas no predicen con exactitud los resultados ya que en la actividad económica existen tantas variables que es imposible predecir el comportamiento de los actores económicos. Pero debido a que las personas que ejercen influencia macroecómicas sí tienen ideología las acciones de ellos sí tienen efecto, ellos intentaran poner en marcha x o y acción, por lo tanto la ideología de una persona sí afecta los resultados.

    4. El error de muchos economistas es intentar predecir las cosas antes que sucedan, es mejor evaluar resultados anteriores para crear proyecciones.

    5. Coincido en la siguiente idea, todo el mundo es economista amateur, desde políticos a periodistas que no es su campo.

    6. No es un debate estéril discutir que tipo de sistema es mejor, ¡en base de eso se ha dado el gran crecimiento de calidad de vida en los últimos 200 años o el terrible estancamiento de otros páises! De esas decisiones depende la vida de muchísimas personas. El debate de ideas es necesario!

    7. Sí existen economistas de izquierda o derecha. El punto de las personas estancadas en la guerra es harina de otro costal.

    Saludos

    Adriana Peralta

    • Jaime Ayala

      Hola, Adriana.
      Me gusta tu comentario,pues me parece que plantea una buena discusión, pues de hecho concuerdo con mucho de lo que planteas.
      Quizás para sintetizar mi respuesta, te diría que claro que existen economistas con diversas posturas políticas como dices, pero son exactamente eso: políticas. Sistemas políticos que han desencadenado posturas y pensamientos económicos, pero que no nacieron precisamente como tal , como el marxismo por ejemplo.

      El debate de ideas sí es necesario, pero se vuelv estéril en ambiente electoral y polarizano como el de El Salvador. Me parece que podríamos discutir cuestiones más importantes.

      Con lo de la guerra me refiero a evaluar cuánto de lo que dicen los economistas o profesionales en nuestro país depende de revivir el revanchismo originado en el conflicto armado de nuestro país. Muchas veces consiste en una ceguera ideológica muy fanática.

      Por lo demás, coincido mucho en lo que cuestionas. Para eso se escribe, para esperar le debate.
      Muchas gracias y saludos.

      • Adriana Peralta

        Jaime:

        Gracias por responder.

        1. Siento una contradicción, afirmas categoricamente algo en tu artículo, es hasta el título de la columna y luego le restas importancia ya que son solo eso, “políticas”. No se puede decir que son solo “eso”. Tal como menciona Jose Luis, el marxismo nace como una crítica al capitalismo, luego se convirtió en un sistema político cuyas políticas llevan detras 100 millones de muertos. No son solo “políticas”.

        2. El debate respetuoso de ideas nunca es estéril. Claro que hay que discutir cosas importantes, pero si mencionas que por estar en ambiente electoral y polarizado no hay que hacerlo, pues, no se cuándo se debe de hacer. Magicamente no se calmaran las aguas, el debate respetuoso aun en lugares polarizados calma las aguas. Y por estar tan polarizados no queda de otra que debatir.

        3. Lo de la ceguera ideológica y estar atado al pasado se debe de evaluar desde otro enfoque. Por ejemplo, falta de madurez política.

        Saludos

  • José Luis Magaña

    Saludos,
    Al igual que el comentario anterior, difiero con tus apreciaciones en el artículo y en la respuesta que brindas al comentarios.

    Las diferencias en corrientes no son simplemente políticas. Existe una formulación de análisis económico que plantea consecuencias políticas. Por ejemplo, la escuela keynesiana propone la intervención estatal (con diferencias entre las corrientes) a partir de las conclusiones de su aparato teórico. Del mismo modo (y ya que lo mencionas), Marx hace un estudio del funcionamiento del capitalismo en El Capital, a partir de esas conclusiones surgen los planteamientos de los socialistas cientificos.

    Las diferentes formas de abordar las relaciones económicas inciden en la construcción política. Las ideas de Keynes inspiraron el New Deal y el Estado de Bienestar Europeo. Las ideas de la escuela de Chicago influenciaron las desregulaciones del sistema financiero que ahora muchos critican (incluidas personas como Anna Schwartz).

    Hay que tomar también en cuenta que la definición de libro que propones de economía como el estudio de asignación eficiente de recursos deja de lado las relaciones sociales y las relaciones de poder que se dan en las sociedades, y que conste que no estoy hablando como el barbudo alemán, es una preocupación constante de Adam Smith.

    Tampoco se puede dejar de mencionar que muchas de esas “leyes” están basadas en supuestos erróneos, o en todo caso, son situaciones particulares que no responden a la generalidad. Para esto también un ejemplo, el debate entre Cambridge, Mass y Cambridge, UK. Ésta última demustra que la formulación neoclásica de Y=AK(alfa)L(beta) cae en una explicación circular. K se encuentra en unidades físicas, entonces para homogenizar se necesita valorarla en precios, pero los precios son dados por el equilibrio S=D, luego necesitas conocer la cantidad de equilibrio (Y) para lo que necesitas saber los precios de K y L. A esto Cambridge Mass, responde con los sistemas de ecuación simultánea, lo que implica la abstracción del tiempo, esto es, se produce, se paga a los factores, se consume, todo simultáneamente, lo que provoca dejar de lado los conflictos que se generan mientras todo eso ocurre. Además, está la crítica que hace Maurice Dobb a la teoría subjetiva del valor utilizada en el aparato neoclásico y es de este marco que surgen la mayor parte de las “leyes económicas”.

    El debate de ideas económicas no es único del país, veamos lo que se genera entre autores como Sala-i-Martin y Diego Guerrero, o los debates entre las ideas de Bernanke, Meltzer, Krugman, Galbraith, Lavoie, Stiglitz Duménil, Kliman, Shaikh (y ahora hasta Pickety, que me parece que ha sido demasiado sobrevalorado).

    La cuestión, más me parece, es comprender que la economía no es una ciencia exacta (e incluso la física cuántica ha puesto en cuestionamiento esto sobre la misma física), pero tampoco es un mero debate académico. Depende como comprendamos el funcionamiento de la economía (y las relaciones sociales y de poder), construiremos una determinada institucionalidad. Lo que hace falta es debate de altura y sin hígados en la mano, pero comprendiendo que no existen posturas sin ideología.

    • Adriana Peralta

      Me parece coherente el comentario de José Luis, difiero un poco acerca de la escuela de Chicago y su influencia en la crisis financiera (el corporativismo tuvo que ver en la crisis), pero es para discutir en otro momento.

      Y para mí es al revés, construiremos una (espero) fuerte institucionalidad que nos permitira determinada economía, dependiendo qué tanto se puedan establecer relaciones económicas entre los individuos.

      Coincido, falta debate de altura comprendiendo que no hay posturas sin ideología.

      Saludos

      • José Luis Magaña

        En efecto, esa discusión es para otros espacios, pero interesante y necesaria.

        Tenés razón Adriana, creo que fue carencia mía no explicarme bien. La idea era que según entendamos la economía, así será la institucionalidad que construyamos y esa institucionalidad permitirá determinado modelo de economía. Un keynesiano (la idea) buscará regular o intervenir en ciertos aspectos de la economía (institucionalidad) y eso formará un modelo económico determinado. De igual manera, alguien de la escuela de Chicago (la idea) promoverá otro conjunto de leyes (institucionalidad) que constituirá otro modelo económico. Un marxista (la idea) intentará crear las condiciones (institucionalidad) para cambiar el modelo (o sistema, dirán los más arriesgados) económico.

        • Jaime Ayala

          Gracias, Luis y Adriana. Sus comentarios han abonado mucho. Trataré de ahondar más en otra nota, sobre todo en esto del “debate estéril” y las escuelas de pensamiento, que para mí son muy diferentes con la contaminación que sufre la Economía con las ideologías políticas.

          La intervención estatal, por ejemplo, que si bien es propia de más de algún sistema, “debería” evaluarse en función de una mejora de eficiencia o practicidad, no por intereses puramente políticos. Creo que a lo que me refiero es que en El Salvador específicamente se nos convierte en un debate estéril dada la situación.

          Yo también soy fiel creyente que la Economía no es una ciencia exacta, pero no me gusta verla politizada. Esa es la diferencia que intentaba lograr.

          Espero sus comentarios si ahondo más en este tema luego.
          Saludos y muchas gracias.

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