Opinión

29 Abr 2014
Opinión | Por: Jaime Ayala

¿Dónde están los ingenieros?

Hace ya varias semanas, cuando miles de salvadoreños presenciamos el conversatorio presidencial que se organizó previo a las pasadas elecciones en el país, muchos de los comentarios de los candidatos se prestaron para la polémica. Algunos fueron usados más
para la parodia que para la crítica constructiva; factor que ya prácticamente caracteriza a los salvadoreños.

Dentro de las tantas frases, quisiera rescatar una pronunciada por el entonces candidato a la presidencia por el partido Arena, Norman Quijano. Aunque no recuerdo con exactitud el comentario. Sí sé que se refirió a la escasez de profesionales en algunas áreas, realizando la comparación con la alta presencia de abogados y médicos en el país.

En aquel momento, Quijano mencionó que el país ya no necesitaba tantos de estos últimos
profesionales, a pesar de que su compañero de fórmula era un jurista. Lo anterior se prestó para la crítica humorística. Sin embargo, más allá de la mala forma en que pronunció esas palabras, el alcalde capitalino no estaba tan alejado de la razón.

Empíricamente, casi cualquier salvadoreño puede constatar que las áreas de Ciencias
Jurídicas y Medicina General son de las más sobre pobladas en cuanto a profesionales se
refiere. Producto de esto, pudiera decirse que los salarios para estos rubros suelen ser muy bajos (aquí es necesario hacer la diferencia entre estas áreas y las especializaciones, como Dermatología, Neurocirugía, especialización de Derecho Mercantil, etc. Estas merecen otro análisis distinto).

Ya no es secreto que grandes países como Singapur, Corea del Sur, India y otros reforzaron sus programas educativos en el pasado para apoyar e incentivar a los estudiantes a involucrarse en la ciencia. Los gobiernos no solo ofrecían becas en el exterior en grandes universidades, sino que fomentaron las industrias de manera que estos graduados pudieran encontrar trabajo en su nación y desarrollar la sociedad. Para evidenciar las carencias en El Salvador relacionadas a este tema, un simple ejemplo puede ser útil-más bien un caso de la vida real y no tanto un ejemplo-.

En los últimos meses, CEPA y Proesa han trabajado de manera que se pueda atraer Inversión Extranjera Directa (IED) a la zona costera del país, sobre todo en el aún no concesionado Puerto de la Unión. Dicho puerto cuenta con zonas extra portuarias, las
cuales pueden ser utilizadas para el desarrollo de industrias de tratamiento de minerales, gases, transporte de carga a granel. Cuando un inversionista se interesa, no es ilógico pensar que comience a preguntar por la mano de obra, entiéndase tanto calidad como cantidad.

Supongamos que el inversionista desea colocar su empresa de tratamiento de minerales,
para lo cual necesita diez ingenieros industriales especializados en procesos de logística, diez ingenieros mecánicos y otros cinco más que hayan obtenido algún título relacionado a la protección del medioambiente y cómo aprovechar mejor los recursos naturales. Dado que se trata de una compañía de alto nivel, el dueño desea que los ingenieros estén isponibles la mayor parte del tiempo, por lo que deben vivir en La Unión, pues no está dispuesto a costearles gastos de transporte o vivienda.

La pregunta del millón es ¿será posible encontrar esos ingenieros especializados en La
Unión, o, en su defecto, en la zona costera? Las estadísticas difícilmente nos permiten dar una respuesta alentadora. He aquí la importancia de invertir en educación y reformar los
programas, de manera que la producción nacional no se encuentre centralizada en la zona
central del país.

Además, es vital que los esfuerzos se coordinen de manera que todas las iniciativas apunten en un mismo lado; uno que sea rentable, integral y que permita que El Salvador se diferencie al menos en la zona centroamericana. Podríamos tener el mejor puerto de la
región, con la mejor ubicación y herramientas, pero necesitamos la mano de obra necesaria para operarlo y desarrollarlo.

Que no se mal entienda esto, los juristas y médicos siguen siendo necesarios, pero es momento de que El Salvador gire el timón y se abra paso ante las nuevas tecnologías. Hay que cambiar de horizonte.

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