Opinión

14 Mar 2013
Opinión | Por: Gumercindo Ventura

Disparando al mensajero

El tema de “dialogar” o “debatir” ha venido sonando bastante, y seguirá sonando por estar próximos a elecciones presidenciales. A muchos nos gusta opinar, a unos más que a otros. Cada quien lo hace desde su medio o trinchera, ya sea platicando con amigos, discutiendo en clases, o hasta escribiendo columnas de opinión como esta. Dialogar está bien, pero pienso que un defecto que tenemos muchos es descalificar a la otra partes en vez de dialogar.

Lo escuchamos a cada rato, “Ah es que aquel es comunista”, “Ah lo que pasa es que él tiene pisto y vive en una burbuja”, “¿Qué va a saber este si ni es de El Salvador?”, “¿Y qué me va a venir a hablar este de lucha contra pobreza si nunca ha pasado hambre?”, lo escuchamos particularmente de la boca de esos funcionarios que se reúnen los jueves. Así muchos también sacamos cada tipo de excusa para quitarle valor a la opinión de otras personas.

Pienso que a veces es normal hacerlo. Es un poco difícil tenerle confianza a un nutricionista obeso, eso de la coherencia entre el mensaje y el mensajero ayuda un poco a la credibilidad. A pesar de eso muchos predicamos que hay que atacar al mensaje y no al mensajero. Resulta particularmente difícil si nos ponemos a enlistar los problemas del país como la violencia, pobreza, desempleo y nos damos cuenta que en vez de escoger entre ingenieros, economistas o abogados, tenemos que escoger entre un profesor, un bachiller y un odontólogo para que sea nuestro presidente.

A pesar de eso los hechos siguen siendo hechos sin importar quien los pronuncie. El hecho que dos y dos sean cuatro no es más real viniendo de un matemático que viniendo de un estudiante de quinto grado. El mismo nutricionista obeso al que no le tenemos mucha confianza puede tener la receta perfecta para que usted tenga una dieta saludable, y el hecho que él no tenga hábitos alimenticios saludables no hace ni más ni menos efectiva la receta que le da.

A veces hasta se puede caer en un tipo de “prepotencia intelectual” si por ejemplo, yo que soy economista, no aceptara como válido cualquier comentario que tenga que ver con economía si no viene de otro economista. Cuando alguien viene a hablarnos sobre algo en lo que nos consideramos “expertos” o conocedores tenemos un sentimiento de “zapatero a tus zapatos” en vez de ser un poco más humildes y tomarnos el tiempo de escuchar lo que nos dicen, reflexionarlo, y no batearlo de primera sin ninguna consideración.

Claro que hay opiniones sesgadas, números y datos que pueden ser manipulados para favoreces un punto de vista y que parezcan “objetivos”. Pero si tenemos un blindaje mental a argumentos o información solo porque “aquel es de la ANEP”, o “este es hijo de papi” o un “si este es rojo porque salió de la nacional” difícilmente vamos a fortalecer o repesar nuestros argumentos. Al final vamos, como el presidente, a caer mal y pensar que tenemos la razón en todo lo que decimos.

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