Opinión

31 Jul 2018
Opinión | Por: Mario Hernández Villatoro

Diputados, elijan bien

“Es menester elegir profesionales preparados para desempeñarse con eficacia en la Sala de lo Constitucional, que sepan a lo que se van a enfrentar, que estén libres de ataduras partidarias y de grupos de poder”.

15 de julio. Desde hace nueve años se sabía que ese día terminaría el período de un tercio de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia. La Asamblea Legislativa ha dejado pasar más de 15 días sin elegir a las personas que ocuparán cinco despachos del máximo tribunal de justicia, más sus respectivos suplentes.

Cuatro de esos despachos corresponden a la Sala de lo Constitucional. Un tribunal acostumbrado a ser tapadera de poderes fácticos, hasta que la Sala 2009-2018 modificó esa tradición. Gracias a una elección accidentada en 2009, los magistrados, a través de las sentencias y su impacto social, permitieron mejorar la imagen del tribunal constitucional. Empezaron a jugar un rol protagónico, llamaron la atención de muchos escépticos, dejaron atrás la concepción simplista del “legislador negativo”, emitieron sentencias que modificaron la vida política del país y se colocaron el traje de valientes por sus fallos que afectaron a grupos de poder.

Si bien no estuve de acuerdo con varias sentencias, siempre acepté satisfactoriamente que, en un Estado Constitucional de Derecho, los fallos son discutibles, pero obligatoriamente acatables. Máxime con un tribunal que mostró dotes de capacidad, conocimiento, independencia y valentía.

Han pasado 15 días con una Sala de lo Constitucional acéfala. La nueva legislatura ha tenido un mes y la mitad para estudiar los perfiles de los candidatos e indagar todo lo que han querido sobre ellos. A pesar de eso, no se ponen de acuerdo para nombrar magistrados. Por sus propuestas, actitudes y declaraciones es evidente que algunos partidos políticos están buscando subordinados, no magistrados.

En un país con la democracia en pañales, es imperativo exigir la continuidad de las acciones destacables en la función pública. Esto implica que los diputados deben elegir con base a méritos y no por razones oscuras, y a su vez, los nuevos magistrados tendrán que continuar las buenas prácticas de sus antecesores, mantener su independencia, la calidad argumentativa y la subordinación solamente a la Constitución, leyes, tratados internacionales, y la jurisprudencia.

Los 30 aspirantes cumplen con los requisitos legales para ser magistrados de la Corte Suprema de Justicia, todos tienen méritos académicos y experiencia profesional en algunas ramas del derecho, pero no todos son independientes, no tienen los estudios y trayectoria en materia constitucional y no todos están preparados para ser parte del máximo tribunal de justicia. Hay que agregarle sustancia, se necesita idoneidad, independencia, moralidad, capacidad y experiencia.

Al valorar las hojas de vida, considero que los abogados José Ernesto Climaco Valiente, Ivette Elena Cardona Amaya, Carlos Sergio Avilés Velásquez, Aldo Enrique Cáder Camilot y Alex David Marroquín Martínez, merecen ocupar una magistratura en la Sala de lo Constitucional.

El licenciado Climaco Valiente tiene dos maestrías en Derecho Constitucional y Derechos Humanos en la Pontificia Universidad Católica de Chile y en la Universidad Carlos III de España, respectivamente; la doctora Cardona Amaya posee un Doctorado en Derecho Constitucional en la Universidad de Salamanca, España; ambos tienen experiencia laboral en la Sala de lo Constitucional. Por su parte, los licenciados Avilés Velásquez y Cáder Camilot tienen vasta trayectoria profesional en el tribunal constitucional, y este último es docente de Derecho Constitucional en varias universidades del país. Por último, el licenciado Marroquín Martínez tiene estudios de diplomados y cursos sobre derecho constitucional, es juez de carrera, capacitador, destacado docente universitario y escritor de artículos sobre temas jurídicos. Además de sus estudios y experiencia, todos ellos gozan de una intachable moralidad y competencia notoria.

Es menester elegir profesionales preparados para desempeñarse con eficacia en la Sala de lo Constitucional, que sepan a lo que se van a enfrentar, que estén libres de ataduras partidarias y de grupos de poder.

Diputados, en sus manos está la decisión de elegir bien, o seguir con la repartición de cuotas partidarias. De lo que hagan, el pueblo y el destino les pasará la factura.

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