Opinión

24 May 2018
Opinión | Por: Karen Vargas

Detectives de aves para el desarrollo local

Esta vez me adentré en un universo nuevo, poco explorado, pero con una riqueza enorme por descubrir. Eso no implica que no haya personas que ya han tenido el privilegio de conocerlo. Les quiero contar un poco sobre la persona que me invitó a ser parte de este nuevo mundo.

Mario Trejo trabaja de lunes a viernes en un colegio de la capital y los fines de semana se dedica a explorar, buscar nuevos lugares para pajarear y reportar sus listas de aves.  A pesar de que no es un biólogo o ingeniero agrónomo, es parte del ranking de los 10 de los  mejores “birders” a nivel nacional, según la plataforma Ebird. Además, fue de los tres observadores de aves que estuvo en la contemplación del ave Mirlo Cinclus Mexicanus. “Fue valiosa su visita porque aparte que es una especie rara para este lugar es un indicador vivo de lo sano de un río. Si él estuvo ahí es porque el Sumpul no está contaminado aún”, comentó Trejo.

Tuve la oportunidad de acompañar a Trejo en una de sus aventuras; nos fuimos a pajarear. Ese día me di cuenta de muchas cosas. Una de ella es que, a nivel centroamericano, Panamá, seguido de Costa Rica, ha reportado el mayor número de listas de aves durante el 2018 y El Salvador es el país con menos listas, hasta la fecha.

También, me di cuenta que en El Salvador los observadores de aves no superan las 50 personas; sin embargo, la calidad del trabajo que realizan suma al cuidado del medio ambiente. “Pajarear para mí es un deporte. Es hasta una cosa espiritual”, me comentó el pajarero con mucha satisfacción.

Asimismo, me asigné la tarea de investigar más sobre los sitios RAMSAR que hay en nuestro país, ya que Trejo lo mencionaba siempre en nuestras conversaciones o cada vez que hablaba sobre el hábitat de una especie.

Según la Convención Internacional de Ramsar, son humedales de importancia mundial porque purifican el agua, nos ayudan para todas las actividades agrícolas y son los hoteles cinco estrellas para las aves migratorias. En ese mismo sentido, El Salvador recibe una gran cantidad de aves migratorias, sobre todo en el humedal El Cerrón Grande.

A nivel nacional hay siete humedales ramsar: el humedal del Cerrón Grande, la Barra de Santiago, el Lago de Güija, el Estero de Jaltepeque, la Bahía de Jiquilisco, la Laguna de  Jocotal y la Laguna de Olomega.

El objetivo es ver a las aves como un indicador ambiental. Es decir, cuando hay presencia de ciertas aves se puede saber cuando un ecosistema está degradado, cuando un ecosistema está perturbado o no.

Durante nuestro recorrido, conocí a Manuel Pérez, un pescador y líder comunal de las zonas aledañas al río Jiboa. Este río es un lugar con grandes reservas de aves. El lugar ideal para todo pajarero, ya que pueden observar arte en el aire.

“Aquí vienen varios. No recuerdo sus nombres, solo de sus caras. A veces me entero que son gringos o taiwaneses. Pero no me gusta preguntarles, por la situación de seguridad del país, para no incomodar.  Lo que los observadores de aves hacen es venirse en la mañana y ya como a las 3:00 de la tarde se van. El grupo más grande que he recibido es de tres a cuatro personas. Y al año vienen aproximadamente 30 personas a pajarear”, nos contó Pérez.

Es decir, el aviturismo permite recreación e ingreso a las comunidades y también, genera empleos para biólogos, ingenieros agrónomos y personas que están relacionadas, y conocen sobre el tema de aves.

El ser humano ha perdido la capacidad de asombrarse, de mirar las nubes y  las aves posadas en las ramas. No obstante, los pájaros que están en la ciudad adornan el diario vivir con sus cantos y vuelos. Por ello, ser observador de aves no es una actividad exclusiva de los biólogos, es algo que cualquiera tiene la oportunidad de hacer.

Según Trejo, “todos somos pajareros. Es como el cáncer, todos tenemos células cancerígenas, pero algo lo va a desatar, la alimentación, la radiación, etc. El pajarear es algo antropológico, la gente dice “hey qué es eso que está cantando, mira que chulo ese pajarito” se sorprende. Pero, el que se pone a preguntar sobre las aves ahí ya se encantó con ellas, salvo que se haga quimioterapias, sino ya se hizo pajarero”.

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